Tengo una amiga que tiene pavor a los ascensores. Su miedo es tal, que ha llegado a subir a pie los tres gigantescos pisos de la Torre Eiffel.

No es vértigo, ni claustrofobia, pues puede subir grandes alturas y estar encerrada en espacios pequeños sin agobiarse, es simple y llanamente, miedo a los ascensores. 

Con el tiempo ha ido controlando su ansiedad y aunque teme quedarse encerrada o sufrir un accidente, si el ascensor tiene buen aspecto, accede a subir en él. Quiero pensar que nuestro artículo “Ascensores y curiosidades, ¿cómo sobrevivir a una caída?” le habrá ayudado de alguna forma.

Sin embargo, no he podido evitar pensar en ella al ver este extraño ascensor, llamado paternóster. Un curioso engendro mecánico que, aunque útil, parece extremadamente inseguro y peligroso.

La primera experiencia en un paternóster.

Paternoster

La primera experiencia de la bloguera Irene Corchado con un paternóster, fue tan curiosa como divertida. Divertida para nosotros, porque ella pasó un gran susto, hasta comprender cual era su mecanismo.

Todo comenzó con la sugerencia de mi amiga Lena de visitar el nuevo ayuntamiento de Leipzig. Lena había vuelto a Alemania tras una larga temporada en Dublín, donde trabajamos juntas, y mi escapada a Leipzig era la excusa perfecta para reencontrarnos y que me enseñara algunos rincones de la ciudad.

Ignoraba por completo que la visita a un ayuntamiento me daría uno de los peores sustos de mi vida viajera. Y es que no todos los días una piensa que va a morir a los veintitantos; y menos en un ascensor alemán.

El edificio tiene varias plantas y subimos andando a la primera, donde Lena me animó a coger el ascensor.

—¿Esto es un ascensor? —respondí incrédula.

Lo que tenía enfrente de mí parecía más bien un par de armarios de madera de mala calidad y sin puertas que se movían arriba y abajo.

—Sí. Móntate. Ya verás qué divertido.

Una persona normal se hubiera parado unos segundos a analizar el mecanismo antes de subirse. Yo no. Tardé poco en montarme en el «armario» y ver cómo mi amiga me despedía con la mano. A los pocos segundos la curiosidad por aquel ascensor se transformó en preocupación cuando cierto pensamiento me vino a la cabeza tras ver pasar la segunda planta frente a mis ojos. «¿Y qué pasa cuando llegue arriba?

El ascensor tenía que parar de algún modo. Tenía que parar.

«¿Y si no para?» «¿Tengo que darle a algún botón para que pare?» «¿Dónde está el botón?» «¡No hay botón!» «Ay, madre. ¡Me va a aplastar contra el techo!»

Me puse muy nerviosa por momentos, no voy a negarlo. Estaba llegando al último piso y el ascensor tenía poca pinta de parar. Empecé a agacharme poco a poco hasta quedar prácticamente en cuclillas mientras repetía «Me va a aplastar». Para mi sorpresa, el ascensor giró hacia la derecha y luego comenzó a bajar. ¡Funcionaba como una noria!

Llegué al primero piso aún sin reponerme del susto y con la cara desencajada. Mi amiga, intentando aparentar sorpresa, pero claramente aguantando la risa, dijo:

—¿Es que nunca te has montado en un paternóster?

—¡Claro que no! ¡Menudo cacharro! ¿Paternóster? El nombre le viene que ni pintado, porque he estado a punto de empezar a rezar para no morir aplastada.

 

¿Cómo funcionan?

Este curioso ascensor fue inventado en Reino Unido por el ingeniero Peter Hard en 1876, quien lo llamó paternoster (padre nuestro) por la similitud de su mecanismo con las cuentas de Rosario. Esta es la historia popular, aunque muchos opinamos que el nombre se debe a que, durante los primeros viajes, la gente no puede evitar encomendarse al sagrado.

Su nombre técnico es elevador cíclico, y básicamente es como una puerta giratoria vertical, en la que un conjunto de cabinas, normalmente para 2 personas, suben y bajan de forma continua.

Autor: RokerHRO

Autor: RokerHRO

Precisamente su funcionamiento sin paradas es lo que lo convierte en una gran alternativa al ascensor tradicional, pues permite cargar más personas en menos tiempo, reduciendo considerablemente los tiempos de espera.

Sin embargo, esa característica es también su talón de Aquiles, pues mal utilizado, puede dar lugar a múltiples accidentes, por ese motivo los paternóster están llamados a desaparecer.

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Curiosidades

El paternóster más grande de cuantos se han instalado, está en el edificio Arts Tower de la Universidad de Sheffield, en Inglaterra. El ascensor posee 38 compartimentos que suben y bajan de forma continua los 22 pisos que tiene la torre.

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A pesar de ser un invento británico, el paternóster triunfó en países de Europa Central y del Este, principalmente en Alemania, dónde se instalaron 230 ascensores de este tipo durante los años ’20. 

Sin embargo, la normativa europea en materia de seguridad no permite construir nuevos paternoster. Tampoco debería permitir el funcionamiento de los antiguos pero aquello fue tarea imposible.

Durante la década de los ’90 el gobierno intentó cerrar y sustituir estos ascensores por otros más seguros, pero mucha gente se quejó argumentando que llevaban años en funcionamiento sin que ocurriera ningún tipo de accidentes. Este tipo de ascensor paso a considerarse algo simbólico, y desde entonces ha sido imposible su cierre.

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Sin embargo el riesgo es real, sobre todo para quienes desconocen su mecanismo. Por ello el gobierno ha terminado contratando los servicios de agentes de seguridad, quienes explican el funcionamiento de estos ascensores a los visitantes.

Y tú, ¿te montarías en uno de estos aparatos? Yo, con lo torpe que estoy por las mañanas antes de tomar café, no sé si debería atreverme.

Fuentes: piggytraveller.comluz10.comcuriosacasiopea.com, wikipedia.comascensores-montacargas.com

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