No escuchaba mis propios pasos. Eran los pasos de un hombre muerto.

Seguramente si alguien me preguntara por cual película de cine negro debería empezar, mi respuesta inmediata sería ‘Perdición’. Es una película que define perfectamente el género y va más allá de la condición de clásico. Tiene su lugar bien merecido en el panteón de la historia del cine, sin importar los años que han pasado desde que se estrenó, ni la primera vez que uno la vió. Puede verse como una más de tantas y tantas adaptaciones de novelas negras que se hicieron en la edad dorada de Hollywood. Pero ‘Perdición’ define el cine negro como ninguna, una obra maestra de iluminación, dirección, actuación y escritura. Y es que ‘Perdición’ se considera uno de los primeros noirs de la historia, aunque Billy Wilder jamás había oído hablar antes del cine negro. Su primera intención era hacer una película de suspense, un thriller con tintes criminales y pasionales, temas que inspirarían una serie de peliculas sobre ‘femme fatale’ a lo largo de los años 40 y 50.

‘Perdición’ parte originalmente de una novela de James M. Cain, quien se basó en un hecho real sucedido en 1927 en el barrio neoyorkino de Queens, Ruth Snyder y su amante, Judd Gray, asesinaron al marido de ella, Albert Snyder, para cobrar el dinero de su seguro de vida. El affaire despertó gran expectación, pues durante el juicio que siguió a la detención de la pareja se reveló que Ruth era una mujer fría, sin sentimientos, egoísta, calculadora y capaz de cualquier cosa, hasta de traicionar a su amante y cómplice con tal de salirse con la suya. Ruth y Gray fueron condenados a muerte, sentencia que se cumplió en la penitenciaría de Sing-Sing en enero de 1928. Existe una fotografía de la electrocución de Ruth, tomada por Thomas Howard, fotógrafo del diario New York Dailey News. Howard logró impresionar la instantánea en el preciso instante en que la mujer moría a consecuencia de la descarga eléctrica, lo que la convierte en uno de los documentos gráficos más escalofriantes sobre la aplicación de la pena capital en los EE UU. En un principio, esta historia inspiró a Cain a escribir ‘El cartero siempre llama dos veces’ y posteriormente publicó ‘Perdición’ (llamada “Three of a kind”) como folletín en 8 partes para la revista Liberty. Hubo bastante controversia sobre la adaptación cinematográfica de ambas obras, ya que coincidía con el recientemente instaurado Codigo Hays de censura.

Billy Wilder recogió la novela años después. Su habilidad como guionista ya era conocida y llevaba dirigidas un par de películas, ‘El mayor y la menor’ y ‘Cinco tumbas en El Cairo’. Wilder habitualmente trabajaba con Charles Bracket en la confección de los guiones. Siempre decía que dos cabezas trabajaban mejor que una pero Brackett se negó a trabajar en la adaptación debido al contenido de la misma. Entonces Wilder pensó que Cain era el ideal para trabajar en el guión, pero este estaba comprometido con otro proyecto, así que finalmente el escogido fue Raymond Chandler. La relación entre ambos a la hora de realizar el guión fue malísima, pero se consiguió construir un guión de diálogos profundos, sugerentes, llamativos y ambiguos.

‘Perdición’ comienza con la silueta de un hombre con muletas caminando durante los créditos iniciales mientras suena la punzante suite de Miklos Rozsa. A partir de ahí, nos encontramos a Walter Neff (Fred McMurray), un vendedor de seguros que está a punto de morir a causa de la herida de una bala. Neff llega a la oficina por la noche para grabar una confesión para su amigo y compañero de trabajo Barton Keyes (Edward G. Robinson). Neff se dirige a una majestuosa mansión de Beverly Hills para renovar una póliza y allí tiene un fatídico encuentro con Phyllis Dietrichson (Barbara Stanwyck). Phyllis aparece majesuosamente en la parte de arriba de la escalera sólo cubierta con una toalla e inmediatamente Neff cae sucumbido a sus encantos. A partir de ahí, Phyllis seduce a Neff con matar a su marido y disponer del dinero de su seguro de muerte. Neff utiliza el conocimiento de su negocio para crear un plan infalible para asesinar al marido, cobrar el seguro y quedarse con Phyllis.

En un principio puede pensarse que la trama es sencilla, pero ‘Perdición’ es un manual de como una película de estas características debe realizarse. Hay que trasladarse a la época en la cual se realizó la película, unos años 40 con un mundo en guerra, donde la conciencia del público americano estaba cambiando y la inocencia estaba ya totalmente perdida. La sugerencia sexual de Phyllis es suficiente para desestabilizar todos los patrones morales, el prototipo perfecto de ‘femme fatale’, heredera directa de las ‘vamps’ de los años 20 y 30,hija bastarda de la Lulú de ‘La caja de Pandora’ y madre del embrión de Ann Blyth en ‘Alma en suplicio’. Neff es ese hombre de la calle que cae bajo su hechizo, sumergido y cegado en un mundo de sexo, sombras, crimen y madreselva. Todo se ve desde su punto de vista, la narración es prácticamente perfecta. El diálogo cortante, lúcido y amargo es fantástico.

La dirección de Wilder es muy natural, con una estructura narrativa en flashback y voz en off que posteriormente repetiría en ‘El Crepúsculo de los Dioses’. Curiosamente ambas empiezan por el final, como diciendo que lo importante es el camino que desarrolla la trama, no su desenlace o su previsibilidad, que con esas escenas iniciales demuestra que no es lo más importante. Por otra parte, se filmó un final con Neff marchando a la cámara de gas del cual sólo queda una fotografía. Wilder es muy detallista, priorizando lo que cuenta a como se cuenta y filmando en espacio naturales, en apartamentos y casas vacías con cierto aire de desolación. Aún siendo previsor con los detalles, el ‘error’ de la puerta del apartamento que se abre al revés, le da a la misma secuencia una tensión muy conseguida. Como curiosidad añadir que la casa de Phyllis aún se mantiene en pie en Beverly Hills. La hermosa fotografía expresionista de John Seitz configura un ambiente especial, depresivo, con sombras y luces que atraviesan esas persianas venecianas transpiradas por un fino polvo.

Claro que para una película de estas características, la elección de un buen reparto es esencial. Barbara Stanwyck ya era una actriz reconocida. Sus interpretaciones en magníficos dramas como ‘Stella Dallas’ y comedias como ‘Las tres noches de Eva’ y sobretodo ‘Bola de Fuego’ decidieron a Wilder para darle el papel principal. Barbara era reacia a interpretar a una asesina, le daba miedo dar vida a ese papel, pero Wilder la convenció diciéndole si era un actriz o un ratón consiguiendo la reacción que esperaba de ella. Barbara Stanwyck deja de lado en ‘Perdición’ sus roles habituales. Su Phyllis es una mujer ociosa, calculadora y fría, que juega con sus armas de seducción y juega con su cuerpo, su manera de moverse, sentarse, mirar o como incita a Fred con un simple pulsera en su tobillo. Su presentación es espectacular en lo alto de la escalera, dominando la situación y elegiendo a la víctima perfecta para su maquiavélico plan. Stanwyck está brillante en cada momento de la película, hace el personaje totalmente suyo, haciéndolo totalmente sugerente a ojos de McMurray. Tal vez el único ‘pero’ sea esa horrible peluca rubia, nada favorecedora (un ejecutivo de Paramount dijo en relación a esa peluca “Contratamos a Barbara Stanwyck y aquí tenemos a George Washington”), pero viéndola de manera objetiva es un símbolo claro de la falsedad de Phyllis.

La elección de Walter Neff no era tan fácil. Al principio Wilder pensó en Alan Ladd, después en George Raft. Después de que el director le contara de que iba la peli, el actor le preguntó: ¿Dónde está la placa? Raft explicó que estaba esperando el momento en el cual Neff volteara su solapa y enseñara la placa del FBI para identificar al verdadero héroe de la película. Wilder dijo que no había ni FBI ni nada parecido. Raft se negó a hacer la peli (otro más de sus múltiples errores, ya que también declinó intervenir en El último refugio, El halcón maltés y Casablanca). A Wilder se le ocurrió escoger, en una decisión que sorprendió a todo e incluso al mismo actor, a Fred McMurray, quien confesó que era simplemente un actor de pequeñas comedias con Carole Lombard. Wilder finalmente lo convenció y para McMurray fue su papel favorito. Al contrario de sus anteriores películas, donde es un hombre simpático, McMurray da una radical vuelta de tuerca y se transforma en un hombre de voluntad débil y cegado por la codicia y el deseo. Los hechizo de Phyllis le convierten en un frío asesino.

Para completar el trío, quien mejor que Edward G. Robinson, más conocido por intepretar a personajes ajenos a la ley como en ‘Little Cesar’ y ‘El último gángster’. Da vida a Barton Keyes, un investigador de seguros muy sagaz que se huele una reclamación falsa a un kilómetro de distancia y al cual su ‘enanito interior’ no le falla a la hora de intuir un engaño. La relación de amistad entre Neff y Keyes, con esas cerillas encendidas con un encanto especial, conforma otro de los vértices del triángulo de protagonistas.

Conspiración, sexo, amor, traición, crimen, asesinato… elementos que conforman a ‘Perdición’ como la película noir por excelencia, una de las obras más relevantes de la historia del cine que marcó muchas pautas dentro del género aunque en un principio no se concibió para ser una película noir. Lástima que los Oscar, a pesar de sus 7 nominaciones, no la premiaran como merecía…

Publicado en Cultura y ocio