Hubo un tiempo en que la importancia, poderío y fama de una ciudad y su burguesía se median por el tamaño de su catedral. Una absurda y sin embargo valiosa competición arquitectónica que dio lugar a algunas de las edificaciones más bellas e imponentes de la historia.

Notre-Dame de Paris, Santiago de Compostela, Santa Maria del Fiore en Florencia o la Basílica de San Pedro en Vaticano son algunos de esos preciosos y emblemáticos edificios.

Física, matemática, el talento de miles de personas y años de trabajo fueron necesarios para realizar aquellos proyectos, y sin embargo ninguno de ellos posee la delicada hermosura de esta pequeña iglesia construida en Nueva Zelanda.

La razón es que este pequeño edificio está vivo, literalmente. La pequeña iglesia esta formada por una amplia variedad de árboles que han sido trenzados para crear esta maravilla.

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Sólo cuatro años han sido necesarios para que este hábil jardinero realizara este precioso proyecto.

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Fue en 2011 cuando Cox, tuvo la idea.

“Salí de casa y mire el terreno y pude ver esa magnífica localización iluminada por luz natural y pensé: ‘Ese espacio necesita una iglesia’. Así es como comencé con el proyecto.”

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Cox posee una empresa de jardinería llamada Treelocations que replanta arboles enteros vivos gracias a una enorme pala mecanizada.

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Gracias al conocimiento adquirido en su trabajo e inspirado por las construcciones europeas, Cox dibujó y diseño su iglesia.

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Después fabricó una estructura en hierro que serviría de guía para que sus plantas y arboles crecieran.

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Cox ha elegido distintas variedades de arboles para jugar con sus tonalidades, logrando que los muros parezcan oscuros y el techo verde. La luminosidad del edifico es impresionante y dentro se respira paz. Es como si ademas de conectar con tus creencias lo hicieras con la naturaleza.

Fuente: BoredPanda

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