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Nos fascina el funcionamiento de la mente humana, en especial la de los más pequeños. Durante unos años todo les resulta nuevo, por lo pueden pasarse horas y horas experimentando y relacionándose con el entorno que les rodea, mientras su cerebro trabaja a destajo para almacenar toda la información posible.

Si tenéis niños, o si vosotros mismos recordáis cuando erais pequeños, habréis notado -y vaya que si lo habréis notado- que les encanta ver la misma película una y otra vez. Lo mismo ocurre con los cuentos que les leemos antes de ir a dormir o con ciertas canciones.

Nosotros también hacíamos lo mismo cuando teníamos su edad pero, ¿os habéis preguntado alguna vez por qué? ¿Qué es lo hace que perdamos ese hábito cuando nos hacemos mayores?

La causa se halla en el funcionamiento de su cerebro. Los niños aprenden habilidades mediante la repetición de patrones. Y no solo aprenden habilidades prácticas o físicas -que explicarían por qué los niños juegan siempre a los mismos juegos en el recreo: para perfeccionar sus habilidades a través de la repetición-, sino el propio sentido del mundo.

En el caso de las películas, por ejemplo, incluso seguir un argumento simple puede resultarles complicado, ya que se trata de una tarea que exige esfuerzo. Es por ello que cada vez que ven la misma película se sienten contentos, ya que entienden la trama cada vez mejor. Esto mismo ocurriría con los cuentos e historias que les leemos.

La repetición constante de contenidos no solo les ayuda a desarrollar mejores habilidades narrativas y lingüísticas, sino que además les sirve para mejorar la comprensión y el aprendizaje. La psicóloga de desarrollo Joan Wenter lo resume bastante bien:

“Una vez que un niño ha dominado el diálogo de una película o la letra y baile de una canción, quiere celebrar su éxito participando de lo que ha visto, así que quiere continuar viendo (la película)”.

Es por ello que cuando un niño se aprende la sintonía de su serie de dibujos favorita, es un auténtico triunfo para él. Esta es la razón por la que se enseña el abecedario en inglés cantado, o las tablas de multiplicar. Ya sea por la viveza de los colores, así como por las canciones contenidas en ellas, las películas animadas llaman mucho más la atención de los niños, por lo que los estímulos a los que están sometidos y las recompensas que obtienen durante el visionado, les hacen todavía más felices.

Pero además, otra de las cosas que obtienen con la repetición es la ejecución de predicciones. Joan Wenter lo explica así:

Para los niños pequeños, hacer predicciones correctas es una muestra definitiva de habilidad. Dado que la vida es bastante impredecible para ellos, se sienten especialmente competentes al poder anticipar lo que sucede a continuación“.

¿Qué ocurre cuando nos hacemos mayores?

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Bien, tan sencillo como que a cierta edad ya sabemos cómo funciona el mundo, por lo que ya no sentimos placer con la repetición. Por ejemplo, cuando escuchamos la misma canción una y otra vez, llegará el punto en que nuestro cerebro se acostumbre a ella y deje de generar dopamina -hormona de la felicidad-. Por eso, siempre andamos buscando las sensaciones nuevas y cuanto más intensas mejor que mejor.

Eso no quita que, de vez en cuando, nos traguemos de nuevo esa peli que hemos visto al menos un trillón de veces y que nos siga encantando. Esto es porque desarrollamos vínculos afectivos que nos evocan tiempos más simples. Es por ello que siempre habrá canciones que nunca “se gastarán” en nuestro cerebro, ya que para nosotros significaron algo en el pasado. Al final, el valor musical importa menos que el tiempo al que nos remiten y el ritual que acompaña su consumo.

Fuentes: babycenter, quora, reddit, theatlantic

Publicado en Familia