Jen Anderson Shattuck y su hijo Roo se encontraban por el parque, cuando un desconocido les asaltó para increparles acerca de la vestimenta de su hijo.

A Roo, que solo tiene 3 años, le gusta vestir y jugar con tutús, algo que su madre respeta y ha decido no condicionar. Sin embargo, el desconocido calificó la elección de la ropa como abuso, tildó a Jen de mala madre y, para terminar, fotografió al menor para amenazar a su madre con hacerlo público.

Ante todo lo ocurrido, Jen prefirió contar su historia en internet, y declarar el profundo amor y respeto que siente por su hijo y sus decisiones. Se puede decir más fuerte, pero no más claro. Aquí lo tienes:

A mi hijo de 3 años de edad le gusta jugar con camiones. Le gusta hacer rompecabezas. Le gusta comer ciruelas. Y le gusta vestir tutús brillantes. Si se le pregunta, él dirá que vestir tutús le hace sentir guapo y valiente. Si le preguntan a él, dirá que no hay reglas sobre lo que pueden vestir los niños o lo que las niñas pueden usar.

Mi hijo ha usado tutús para ir a la iglesia. Ha vestido tutús para ir de compras, viajar en tren y jugar en la caja de arena de la zona infantil. Y esto nunca ha sido, para el mundo que nos rodea, un problema. Alguna vez nos han hecho alguna pregunta bien intencionada, hemos respondido y todo ha ido bien. Fue bien hasta ayer.

Ayer, durante nuestro paseo por el parque, mi hijo y yo fuimos abordados por alguien que exigió saber por qué mi hijo usaba falda. No lo conocemos, pero parece que él lleva observándonos un tiempo.

“Tengo curiosidad”, dijo el hombre. “¿Por qué le sigues haciendo esto a tu hijo?”. No era curiosidad. Él no quería explicaciones. Él quería asegurarse de que ambos supiéramos que lo que mi hijo hace o le permito está mal.

“¡Ella no debe vestirte así!”, dijo el hombre dirigiéndose al niño. “Eres un chico. Ella es una mala madre. Esto es abuso infantil”.

Después tomó varias fotos de nosotros, a pesar de que le pedí que parara, y me amenazó. “Ahora todos lo van saber”, dijo, “vas a ver”.

Llamé a la policía. Vinieron, hicieron su informe y nos felicitaron por la falda. Aún así, mi hijo no se siente a salvo. Quiere saber: “¿el hombre malo va a volver?, ¿va a gritar cosas malas sobre mi falda?, ¿va hacerme más fotos?”.

No puedo decirle con certeza que no vuelva a ocurrir. Pero puedo decirle: no nos va a intimidar. No nos va a hacer sentir vulnerables o asustados. No voy a dejar que ningún extraño enfadado le diga a mi hijo lo que puede o no puede vestir.

Tal vez el mundo no pueda amar a mi hijo tal y como es, pero yo sí. Y estoy aquí para que él lo sepa.

Le gritaré mi amor desde todos los rincones. Voy a defender, gritando, su derecho a caminar por la calle en paz, vistiendo cualquier prenda de ropa que quiera usar.
Le voy a mostrar, de cualquier forma y manera, que valoro la persona que es, apoyando la visión que tiene de sí mismo y respaldando sus decisiones sin importar lo que digan los demás.

Nuestra familia tiene un lema. El lema es:

Somos cariñosos.
Somos amables.
Somos decididos y persistentes.
Somos hermosos y valientes.

Sabemos quiénes somos. Ningún extraño va a hacernos cambiar lo que somos. El mundo no va a cambiarnos, nosotros cambiaremos el mundo.

Editado para añadir: Este mensaje es público y puede ser compartido. ¡Estamos muy agradecidos por todo el amor y el apoyo recibido!

La respuesta de internet ha sido aplastante. Solo cinco días después la publicación ha recibido 100.000 ‘me gusta’, más de 55.000 compartidos y miles de comentarios y muestras de apoyo.  Algunas muy divertidas.

Muchos padres de hoy día han decidido romper las normas sociales preestablecidas, y educar a sus hijos sin limitaciones de género. Algo que, según las investigaciones, resulta muy positivo, pues niños y niñas no ven innecesariamente coartados sus talentos y destrezas, pudiéndolos desarrollar libremente en función de su curiosidad, gustos e intereses.

Fuente: Facebook / Jen Anderson Shattuck

Publicado en Familia