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El investigador Kang Lee, de la Universidad de Toronto, Canadá, lleva 20 años estudiando cómo aprenden los niños a mentir. Sus conclusiones a lo largo de la investigación apuntan a que, frecuentemente, estos empiezan a mentir a la edad de dos años y a que sus padres deberían sentirse muy felices por ello.

En una ocasión, Richard Messina, un colega de profesión de Lee y director de una escuela de primaria, le contó que había recibido la siguiente llamada: “Sr. Messina, mi hijo Johnny no vendrá hoy a la escuela porque está enfermo”. El director, después de escuchar esto preguntó: “¿Con quién estoy hablando, por favor?”. El otro simplemente contestó: “con mi padre”.

Las 3 creencias comunes sobre la mentira

Kang Lee explica que esta historia resume bastante bien las 3 creencias comunes que tenemos sobre los niños y la mentira:

– La primera es que los niños solo dicen mentiras a partir de la escuela primaria.

– La segunda es que los niños no son buenos mentirosos y que nosotros, los adultos, podemos detectar fácilmente sus mentiras.

– La tercera es que si los niños mienten desde una edad muy temprana, deben tener algún defecto de carácter y podrían llegar a ser mitómanos.

Al final resultó que estas tres creencias son completamente falsas.

El experimento

Así pues, durante las investigaciones, los científicos sometieron a niños de todo el mundo a diversos juegos de adivinanzas. Uno de ellos consistía en pedirles a los niños que adivinasen los números de unas tarjetas.

Después de explicarles debidamente las reglas, les decían que si ganaban el juego se llevarían un gran premio. Pero en pleno juego, los adultos se inventaban cualquier excusa para abandonar la sala, después de advertirles que no hiciesen trampa mirando las tarjetas. Sin embargo, había cámaras ocultas vigilando cada uno de sus movimientos. El deseo de ganar de los pequeños era tan fuerte que más del 90 % de los niños echaron un vistazo tan pronto como los investigadores abandonaron la sala.

La pregunta clave era si, al regresar y preguntar a los niños si habían hecho trampa, estos serían capaces de confesar su engaño.

Los investigadores demostraron que, independientemente del sexo, religión o el país de procedencia, a los dos años de edad el 30% de los niños miente y un 70% dice la verdad. A los tres años, un 50% miente y, a los cuatro, más del 80% de los niños miente. Y después de esa edad, la mayoría de los niños mienten.

…y las conclusiones

De este modo, los resultados concluyeron que el niño podría empezar a mentir a la corta edad de dos años pero, ¿por qué solo algunos hacían trampa?

Kang explica que una buena mentira, al igual que un plato sabroso, necesita de buenos ingredientes para ser preparado. Se necesitan dos ingredientes clave:

El primero de ellos es la teoría de la mente o la capacidad de leerla. Esto es la capacidad de conocer lo que saben diferentes personas de una misma situación, así como la capacidad de saber diferenciar entre lo que yo sé y lo que sabes tú. Leer la mente es importante para mentir, porque la base de la mentira es que yo sé que tú no sabes lo que yo sé.

El segundo ingrediente clave para una buena mentira es el autocontrol, es decir, la capacidad para controlar la voz, la expresión facial y el lenguaje corporal para que una mentira sea convincente“.

Así pues, los investigadores concluyeron que los niños pequeños que leen la mente y poseen autocontrol, mienten desde una edad más temprana y, por tanto, son los mentirosos más sofisticados. Resulta que estas dos capacidades son esenciales para nosotros, así como para convivir bien en la sociedad.

De hecho, la falta de visión y el autocontrol suelen asociarse con problemas graves del desarrollo, como el déficit de atención, la hiperactividad y el autismo.

Así que si vuestro hijo de dos años os engaña por primera vez, en lugar de preocuparos, deberíais alegraros, ya que esto significa que vuestro hijo ha alcanzado un nuevo nivel de desarrollo típico y esencial.

Vía: TED, traducción y adaptación elaborada por La Voz del Muro.

Publicado en Familia