La revista veterinaria DVM ha revelado un curioso e inquietante dato estadístico: los veterinarios tienen una tasa de suicidio cuatro veces mayor en proporción que la población general, y dos veces mayor que la de cualquier otra profesión sanitaria. Al menos en Reino Unido, lugar escogido para el estudio.

Las causas de este fenómeno no parecen muy claras, aunque se barajan varias hipótesis y factores que podrían contribuir a esta alta tasa de suicidio.

Presión social, desilusión y acceso a los medicamentos

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La noticia se ha dado a conocer poco después del mediático suicidio de Jian Zhicheng, una joven veterinaria y rescatadora de animales que se quitó la vida el pasado 12 de mayo en Taiwán.

Zhicheng siempre fue una amante de los animales y por ello estudió veterinaria. No limitándose solo ha hacer negocio, la joven acostumbraba a rescatar perros y ayudarlos a encontrar un nuevo hogar. A pesar de sus incansables esfuerzos, campañas de esterilización y adopción, Zhicheng se vio obligada a practicar la eutanasia a más de 700 perros durante los dos últimos años, una confesión que realizó durante un reportaje para televisión con el que pretendía impulsar su causa.

Sin embargo, los defensores de los animales se le echaron encima, calificándola de ser una “bella carnicera” y profiriendo insultos hacia ella. La veterinaria no pudo soportar la presión y tras unos días de acoso optó por quitarse la vida. Su nota de suicidio decía:

La vida humana no es diferente de la vida de un perro; moriré con los mismos medicamentos que se utilizan para poner a los perros a dormir en paz“.

Algo parecido ocurrió con la veterinaria Shirley Koshi en Nueva York, cuando después de rescatar y curar un gato callejero, este le fue reclamado por una señora que lo alimentaba en el parque. La doctora se negó a devolverlo, argumentando que Karl -así se llama el gato- había sido un gato doméstico antes, y su malnutrición se debía precisamente a que no sabía sobrevivir en el parque.

Manifestación frente a la clínica veterinaria de

Manifestación frente a la clínica veterinaria de Koshi – banvetabuse

La supuesta dueña hizo saltar el caso a los medios, manifestándose durante días frente la clínica. Pronto otros “amantes de los animales” se unieron y el acoso fue tan brutal que Koshi terminó suicidándose.

Los factores

Estas dos historias sirven para analizar los factores que podrían ser determinantes en un mayor índice de suicidios entre los veterinarios. El primero de ellos es el bajo prestigio social de la profesión.

Los veterinarios, al igual que los médicos, son una profesión muy expuesta, pero mucho peor remunerada. Según los comentarios de varios veterinarios recogidos en la revista DVM, ninguno considera el suicidio, pero sí se sienten a menudo desilusionados por el trato recibido por parte de sus clientes. Al parecer, muchos deben de enfrentar discusiones sobre precios, procedimientos y tratamientos sobre las mascotas, siendo muchos dueños poco razonables o realistas con los costes y/o resultados; gestándose conflictos que pueden escalar y afectar a otros clientes o traducirse en sucesos con violencia o amenazas.

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Esto, unido a que suelen trabajar en solitario en pequeñas clínicas, aumenta el aislamiento y favorece la depresión. Si a ello sumamos las discrepancias con los grupos de presión pro derechos de los animales y clientes, comprendemos que sufran de ansiedad, estrés y depresión con mayor frecuencia que el resto.

Tanto es así, que según la encuesta realizada por el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos a 10.000 veterinariosuno de cada seis veterinarios estadounidenses habrían considerado seriamente la posibilidad del suicidio.

Y es que estos profesionales también son unos de los más desilusionados con su profesión. Según los datos, el 47% de los veterinarios confiesa que la profesión no ha cumplido con sus expectativas, y que de volver atrás no volvería a elegir esta carrera.

Por último, y pieza clave en este puzzle, puede ser su mayor aceptación y naturalización de la eutanasia, así como el acceso a los medicamentos para practicarla. 

Por su profesión, los veterinarios practican la eutanasia a cientos de animales a lo largo de su carrera. Algo que no es plato de gusto y que solo hacen por respeto y amor hacia el animal, con el único objetivo de aliviar su dolor. 

Los veterinarios siempre luchan por preservar la vida, hasta que las consecuencias de vivir y el dolor no compensan, y racionalmente aplican la eutanasia como un resultado positivo. Esto les lleva a autojustificarse y presentar una menor inhibición hacia el suicidio, como solución racional a sus propios problemas. El acceso a los medicamentos para la eutanasia indoloros, rápidos y efectivos, harían el resto.

Grandes profesionales que merecen respeto

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Amamos a nuestras mascotas y deberíamos apreciar a nuestros veterinarios, pues sin su ayuda, trato, consejo y compresión estaríamos perdidos. Ellos son nuestro primer recurso cuando nuestros compañeros sufren y siempre están listos para abrir en pro de una emergencia. Es una profesión bella y vocacional que debe ser tratada con respeto.

Es cierto que los seres humanos perdemos la cabeza por nuestras mascotas, pero esto jamás será una excusa para tratar mal a otra persona o profesional.  Ni qué decir tiene que no son responsables de la falta de recursos de los centros de rescate, la irresponsabilidad de los malos dueños o de aquellos que los abandonan, y que nunca se les debe culpar por ello. Es simplemente rídiculo.

Artículo por La Voz del Muro.

Fuentes: web-dvm.net, www.vozpopuli.com, bostonglobe.com

Publicado en Salud