La curiosidad infantil es el motor del aprendizaje; una fuerza que lleva a los niños a tocarlo todo, poner a prueba sus habilidades y, sin saberlo, correr riesgos. Porque, ¿cómo sabe un niño que los enchufes son peligrosos, que el fuego quema o que algo que parece inofensivo puede crear graves lesiones? No pueden. Es nuestra responsabilidad protegerles hasta que lo entiendan por sí mismos, y eso comienza por asegurarnos de supervisar sus juguetes.

Los punteros láser no son un juguete y, sin embargo, se han vendido como tal en ferias y bazares de todo el mundo. Pero este producto es más peligroso de lo que parece, y lamentamos informar de que un niño ha perdido el 75% de la visión por culpa de una de estas baratijas. Ahora su madre está luchando para que sean prohibidas, o al menos concienciar a otros padres sobre sus riesgos.

El pequeño Jonhny quedó fascinando por los brillantes láseres que vendían en una feria local. Después de rogar a sus padres durante todo el día, el pequeño logró que le compraran uno.

Jugó con el durante todo el día, hasta que por la noche en la oscuridad de su cuarto, el niño apunto el láser hacia sus ojos. Los gritos de dolor alertaron a sus padres, quienes trasladaron de inmediato a su hijo al hospital.

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Menos de un cuarto de segundo fue suficiente para que el niño de 8 años sufriera una quemadura térmica en sus ojos, dañando su retina de forma permanente y perdiendo como resultado el 75% de la visión. 

Según la normativa de la FDA en cuanto a dispositivos y salud radiológica, estos láseres deben tener una potencia máxima de 3 a 5 mW, situándose la mayoría de ellos en el límite. No obstante, y a pesar de la normativa, gran parte de los productos importados exceden, en mucho, esta potencia máxima. 

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En cualquier caso, ninguno de ellos deben apuntarse jamás hacia los ojos, ya que pueden causar quemaduras importantes. Sin embargo, los niños son niños y, por ello, nunca deberían tener acceso a este tipo de objetos, pues podrían dañar a otras personas o, como en el caso de Jonny, a sí mismos.

El láser de Jonny pertenece a la categoría 3B, los cuales pueden llegar hasta los 500 mW de potencia, hasta 100 veces más del límite permitido.  Estos láseres pueden dañar el ojo en una fracción de segundo a 100 metros de distancia.

Según los médicos, la cicatriz de la retina le impedirá ver con normalidad para siempre, por lo que no podrá conducir ni desempeñar ciertos trabajos.

“No va a ser capaz de manejar ordenadores con normalidad porque lucha por ver las líneas en papel. Está siendo muy difícil para él seguir las lecciones en la escuela”, declara su madre.

Lamentablemente, no es el primer niño afectado por este tipo de accidentes. Ya en 2015, un joven de 14 años de Tasmania casi queda ciego por el mismo motivo. 

Por tu seguridad, pero sobre todo por  la de tus hijos, no compres nunca este tipo de productos. Si tienes uno en casa, retíraselo discretamente y explícale que es peligroso apuntar con él a sus ojos o a los de cualquier otra persona, por muy lejos que esté.

Fuente: telegraph.co.uk y Wimp.com

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