Durante gran parte de la historia de la humanidad las mujeres han sido menospreciadas socialmente, siendo consideradas menos aptas para las artes, las ciencias y los deportes.

A pesar de las múltiples barreras y trabas que encontraron, supieron vencer las dificultades y con astucia hacer que sus contribuciones fueran aceptadas.

Es hora de honrar y poner el valor a todas esas grandes mujeres de la historia que con su trabajo han hecho del mundo un lugar mejor. Hace unos días rendimos homenaje a Maria Montessori, la educadora italiana que revolucionó el mundo de la pedagogía infantil y hoy volvemos la vista al pasado para hablar de una de las primeras mujeres científicas de la historia.

Al baño María.

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Aunque en la historia contemporánea el papel de la mujer en la ciencia fuera desincentivado, la participación de las mujeres en campos como la medicina, la geometría y las matemáticas en las primeras civilizaciones ha sido ampliamente documentada.

La médico Merit Ptah en el antiguo Egipto, la astrónoma y matemática Aglaonike pupila (y posiblemente esposa) de Pitágoras o la famosa Hypatia de Alejandría son algunos ejemplos.

Una de las más importantes mujeres de la antigüedad fue María la Judía, a quién debemos mucho gracias a su trabajo sobre sublimación, hermetismo y su inventó más reconocido “el baño maría”.

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Se cree que María la Judía, también conocida como María la Hebrea o Miriam la Profetisa, vivió entre el siglo I y el siglo III d.C. en Alejandría, y fue la primera mujer alquimista de la historia. Sin embargo, igual que sucedió con la mayoría de los adeptos, iniciados o pioneros, la identidad de María la Judía ha llegado un tanto oscurecida hasta nuestros días.

A pesar de ello la documentación sobre María la Judía y su existencia está fuera de toda duda, ya que muchas obras de autores posteriores de diversas lenguas y culturas se refieren a ella.

Sus logros.

Entre sus principales aportaciones están diversos métodos de fabricación de extractos, así como procesos de blanqueamiento. También le corresponde el mérito de haber sido la primera en identificar ácido de la sal marina y el ácido acético.

María era una respetada trabajadora de laboratorio que inventó complicados aparatos destinados a la destilación y sublimación de materias químicas.

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El tribikos, un pequeño alambique de tres brazos con el que poder obtener sustancias purificadas por destilación.

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Y el kerotakis, con el que obtener una substancia negra llamada “negro de María” (la primera etapa de la transmutación de los elementos alquímica) la extracción de esencias (aceites) de plantas para obtener perfumes.

Curiosamente durante su funcionamiento, el kerotakis forma un fuerte vacío en su interior apretando así todas sus piezas, lo que condujo a la expresión “herméticamente sellado”.

Pero si hay una técnica por la que la alquimista María la Judía será recordada es por su famoso baño maría, un proceso de cocción lento y uniforme que se consigue mediante un sistema de caldera doble: un recipiente exterior y uno interior separados por un liquido, normalmente agua.

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Esta técnica es usada regularmente en miles de procesos industriales, químicos y culinarios que precisan de un calor uniforme, progresivo y constante.

Gran parte de la obra de María la Judía se perdió debido a la persecución en el s. III del emperador romano Dioclesiano hacia todos los alquimistas de Alejandría. La alquimia pasó de ser una ciencia experimental a un arte rayando lo esotérico, cuando en realidad fue solamente la ciencia precursora de la química moderna.

Fuente: Wikipedia

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