Tres días, tres.

Tres días pasaron desde que nació, hasta que las tetas se me pusieron en modo bomba explosiva.

Aquello… bueno, aquello nunca es como te lo han contado.

Hablan de la lactancia materna con una dulzura, ves esas fotos, esos anuncios en la tv, y todo parece tan idílico, esos bebés tranquilos, esas tetas perfectas, sin bultos, sin rojeces, sin estrías.

No, definitivamente esas no eran mis tetas.

Las mías se empezaron a hinchar, como el que sopla un globo y lo deja a punto de explotar, rojas, con bultitos. La leche se acumulaba y la bebe no tragaba tanto como aquellos dos barcos pesqueros estaban fabricando.

Fue doloroso, y probé de todo, paños de agua fría, el típico truco de las hojas de col y el queso quark fresquito de la nevera (parecía la sirenita, oye, pero aliviaba bastante) y como no, los masajes.

Me pasé los siguientes tres o cuatro días dando masajes, viendo videos de Youtube en los que enseñaban a “ordeñarte” para asi aliviar la presión, y probando todo tipo de trucos.

Ah! Y durmiendo casi sentada, esa es otra.

Dormir cuando tienes dos buques por tetas es un lujo. Duele. Da igual la postura que cojas, lo que te muevas, lo cansada que estés… Sumas el dolor a que tienes un bebé hambriento cada dos horas o a veces hasta menos, y el resultado es catastrófico.

¿Lo mejor? Que pasa, pasa y todo se vuelve fácil de nuevo.

La subida de leche de los primeros días es algo que hay que pasar, que hay que afrontar y que hay que tomarse con humor, señoras, porque después de ese torbellino de dolores, hinchazón, rojeces y problemillas, viene la calma, y la lactancia a partir de ahí es coser y cantar.

Amigas y conocidas se han dado por vencidas esos primeros días, estás tan rendidas, recién paridas, doloridas y con la novedad de esa nueva criatura de apenas medio metro, mirándote como diciendo: “A ver, tu me has traído aquí, espero que sepas lo que estás haciendo” y lo cierto es que no, da igual los libros que te hayas leído, lo “puesta” en el tema bebé/lactancia que creas estar, que cuando aparece la criatura, te pilla en bragas, además literal, y si me apuras, otras veces ni eso.

Pero como he dicho antes, lo mejor es saber que, da igual lo mal que se pase esos primeros días, después tendrás el control absoluto sobre tus tetas, de repente dejarán de doler.

Es importante hablar con asesoras cualificadas de lactancia (yo siempre recomiendo el grupo Alba Lactancia en Facebook) y dejarse guiar por manos expertas, y sobre todo, confiar, confiar en ti misma, en el bebé, y en que los dos, por naturaleza, estáis hechos para alimentar y ser alimentado respectivamente. 

Todas las fotos de éste artículo han sido copiadas de Google. 

Publicado en Familia