Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 2013, 168 millones de niños estaban trabajando, de los que 85 millones estaban en un puesto de trabajo peligroso. Muchos de estos niños se dedican a la producción de textiles y prendas de vestir para las pequeñas y grandes empresas de los mercados internacionales del sector.

Un dato escalofriante, a la vez que inhumano, ya que partimos del supuesto de que en la mayoría de los países la explotación infantil está más que prohibida. Y digo supuesto porque, como evidencian las distintas fotografías tomadas por reporteros y periodistas de todo el mundo, esto no se cumple.

La OIT también dictamina que los niños están involucrados en casi todas las etapas de producción de ropa, desde la recolección de la materia prima, hasta los últimos acabados en la máquina de coser.

Niños recolectando algodón en Uzbekistán. En 2011, el país se encontraba en el punto de mira internacional por el escándalo, por el que las principales marcas organizaron una campaña para obligar a los fabricantes a boicotear el algodón uzbeko, aunque poco ha cambiado desde entonces

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En el año 2009, una publicación elaborada por la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) concluyó que por lo menos el 86% de los colegios durante la temporada algodonera de 2008 en Uzbekistán, fueron objeto de solicitudes de captación obligatoria por parte del gobierno. Los contratados eran niños de entre 11 y 14 años, de quienes se esperaba que recogieran entre 15 y 70 kilogramos de algodón por día.

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Con el escándalo, la hija del presidente autoritario de Uzbekistán, Gulnara Karimova, fue expulsada de la semana de la moda de Nueva York, debido a la presión de los grupos activistas sobre las empresas organizadoras del evento, Mercedes Benz e IMG, por permitir este tipo de prácticas. Hoy Karinova se encuentra bajo arresto domiciliario desde febrero de 2014, acusada de varios delitos de corrupción

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Se podría decir que algo similar está ocurriendo en Bangladés, donde miles de niños se ven obligados a trabajar durante largas jornadas cosiendo ropa. El fotógrafo Claudio Montesano Casillas ha retratado tanto la impactante falta de controles de seguridad dentro de estas fábricas de ropa, así como las agotadoras rutinas de los niños que trabajan allí:

Una fábrica de ropa clandestina ubicada a las afueras del centro de Daca, capital del país

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Una joven en su puesto de trabajo eliminando los puntos adicionales de los pantalones vaqueros. Se cree que hay aproximadamente un millón de niños de 10 y 14 años trabajando, según UNICEF, pero la cifra aumenta cuando se amplía la franja de edad

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Los niños no tienen tiempo para ir a la escuela, ya que solo tienen medio día libre a la semana

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El salario medio en estos talleres de confección clandestinos, por llamarlos de algún modo, tanto para niños como adultos es de unos 9 € al mes.

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Sala de exposición para los distribuidores al por mayor de pantalones masculinos, producidos por una fábrica clandestina de Daca

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Los empleados trabajan en torno a 6 o 6,5 días a la semana, desde el amanecer hasta la puesta de sol por un salario irrisorio. Duermen en el interior de los propios talleres o alquilan habitaciones cerca de las fábricas

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Niños trabajadores duchándose en la fábrica. Debido a las largas jornadas de trabajo, se ven obligados a comer, asearse, e incluso dormir en los talleres

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Las condiciones y la seguridad de las instalaciones de este tipo de talleres son deplorables, expuestos constantemente a los incendios, debido a los malos estándares de cableado de la seguridad eléctrica y derrumbamientos, como ya ocurrió en Savar en 2013, cuando un edificio de 8 plantas se vino abajo, provocando la muerte de al menos 1.127 personas

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Según el The Sydney Morning Herald, en Camboya trabajan en la industria textil alrededor de 700 camboyanos, incluidos niños, cuyas condiciones de trabajo distan poco de las de Bangladés

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Y estas 3 últimas fotografías fueron tomadas en los talleres de Vietnam, en la que podemos ver también a niños trabajando duramente

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A pesar de la mala calidad de las fotos, es evidente que aquí también explotan niños, aunque estas empresas son mucho peores que las de Bangladés

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La mayoría de los niños de estas fábricas llegaron aquí traídos desde aldeas remotas, y literalmente fueron comprados a sus padres para luego ser explotados sin recibir nada a cambio

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En 2012, dos adolescentes vietnamitas saltaron desde una ventana del tercer piso de una fábrica en Ciudad Ho Chi Minh para pedir ayuda:

Yo, junto con otros 11 niños, fuimos llevados desde el pueblo en autobús. Mis padres estaban felices de que pudiera ganar dinero. En la fábrica, hemos trabajado durante dos años. Empezamos a las seis de la mañana y terminamos a medianoche, sin recibir ningún suelo. Si cometemos errores mientras cosemos, nos golpeaban con un palo.

Fuente: dailymail, ilo, soas, wikipedia, smh, bbc

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