La violencia en todas sus expresiones, es algo que debemos entender como primitivo, y denunciarla siempre que esté en nuestra mano especialmente cuando se dirige contra los más indefensos, como en el caso de los niños. Habrá padres que opinen que los niños necesitan castigo físico para aprender, pero la línea entre un azote y maltrato es tan fina que nunca debería ser una opción.

En el siguiente experimento social, unos padres fingen pegar a su hijo en la calle para comprobar si la gente se implicaba en detener la pelea. Y aunque el objetivo de este experimento era simple, lo que se acabó descubriendo fue algo completamente inesperado: las personas de color intervenían un mayor número de veces que las que no lo eran.

Original: OckTV

Publicado en Miscelánea