Se ha terminado la Navidad y parece que las fiestas ya no vuelven hasta la próxima Semana Santa. Sin embargo, en el camino aún nos encontramos días de gran tradición como es San Valentín, una fecha amada y odiada a partes iguales.

Y digo a partes iguales porque aunque son muchos los que en público denostan esta celebración, luego son los primeros en tener algún detalle especial con su pareja. Y eso es porque falta una alternativa. Excepto en Cataluña, donde el día de Sant Jordi ocupa claramente este espacio (mediante el intercambio de libros y rosas), en el resto de España no encontramos un Día de la Pareja, o Día del Amor, o cualquier cosa parecida. Algo cuanto menos significativo, ya que en los tiempos que corren prácticamente hay un día para todo.

Esto es como Halloween. Cuantas veces nos quejamos de incorporar las fiestas americanas en nuestro calendario, pero la única realidad es que año tras año se hacen más planes y fiestas aprovechando esta particular celebración. Yo soy de la opinión de que es mejor aceptar la realidad y tratar de adaptar estos días a nuestras costumbres. No tenemos que hacer como los americanos, que viven este día en pareja como todo un acontecimiento. Pero no está de más dejar ir la imaginación y sorprender a tu pareja con algún plan especial.

La tendencia globalizadora se ve en muchos ámbitos de la vida y la cultural no es ajena a ella. Poco a poco convergemos y lo que antes era solo de algunos cada vez es más de todos. Está bien tratar de velar por tradiciones autóctonas, pero quejarse por incorporar una que no tiene igual en nuestra cultura es estúpido y esconde una idea absurda de falso patriotismo. Nunca es mal momento para ser románticos en nuestra parejas, y si es en San Valentín, mejor.

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