El escritor ayacuchano Teodosio Olarte recrea en su libro “Cuentos de la GP” una atmósfera atizada por la violencia.

¿Qué quiere decir GP en el título?, es la primera interrogante que se cuestiona el ávido lector. Las dudas se disuelven al leer la primera narración, de las diez que posee, cuando se presentan al teniente Mendoza junto con un capitán sin nombre torturando supuestamente a un terrorista, quien les informa que un comandante del Ejército es el que le ha entregado el material bélico incautado en su vivienda. Ante esa confesión intrigante, el más incrédulo y frío, el capitán responde con voz agria: “¡Por quién me has tomado para hacerme tragar ese cuento de la gran puta’e tu madre!”.

Entonces se vislumbra la carga de “salsa roja picante” junto a la alusión de la época de la subversión que están presentes en el nombre epónimo de las ficciones del actual catedrático de la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle “La Cantuta”. En efecto, el título de la entrega alude a la Guerra Popular (también conocida como la época de Sendero Luminoso o el más crudo terrorismo) que se vivió en Ayacucho en particular, y en general en todo el Perú. Con una prosa fluida, pero no por eso sin descuidar, el autor nos sumerge en un mundo donde los rezagos de la guerra interna de los 80’s y 90’s se viven en un presente, o tal vez en un pasado, o incluso en un futuro, según el tipo de tiempo que manejen las singulares creaciones de Olarte.

Desde revolucionarios y terroristas, pasando por Servicios de Inteligencia encubiertos y militares con afanes de superación, hasta delincuentes comunes y presos senderistas, el mundo representado en el libro es una atractiva propuesta que desea englobar la problemática de la violencia socio-político de una sociedad convulsionada y caótica. Asimismo, es el testimonio literario y fiel de un estudiante cristobaleño que vivió y sintió en carne propia aquellos días de luchas armadas, asesinatos, atentados, pasiones descarriadas, que ninguna otra realidad podrá borrar de su memoria y que solo puede atenuar a través de la palabra artística.

A excepción de “La escalera y la senda”, el resto de relatos están desarrollados en tercera persona, un narrador omnisciente que nos narra, por ejemplo, sobre un encarcelado acusado de “rojo” por casualidad, solo por la mala fortuna de recoger por curiosidad una hoja bond que, como descubrió cuando le atraparon las fuerzas del orden, tenía propaganda de Sendero Luminoso. Ese es el mismo fabulador que nos descubre el asesinato de un revolucionario senderista en un penal de Lima por los efectivos del orden, cuyo destino hubiese cambiado si la abogada Acévez, madre del desafortunado, hubiese tenido en cuenta que su hijo peligraba tanto fuera como dentro de la cárcel. O en el cuento final, “El Confidente”, donde un Servicio de Inteligencia seduce a la hija de un propagandista del Partido de la Hoz y el Martillo en Lima, ocultando su verdadera identidad, con el fin de capturar al sedicioso.

Incluso el cuento más alejado de la denuncia contra el terrorismo, “Amalgamandia”, tiene un marcado aire de significado político-ideológico de querer cambiar el mundo, en su sentido más sarcástico, iluso y frívolo, donde un cojo, un sordo y un ciego que supuestamente tienen poderes sobrenaturales, se convierten en los mandamases de una nación, todo ello ocurrido en la imaginación ambiciosa del bizco total antes de comenzar su oficio de ambulante callejero. El libro, como se da cuenta el lector, no tiene pierde. A conseguirlo y disfrutarlo.     

Publicado en Relatos
Fuentes consultadas:
https://web.facebook.com/photo.php?fbid=519731291370443&set=a.519731288037110.126357.100000007307109&type=3&theater