Hace ya 135 años, 8 meses, 3 días, 7 horas, 38 minutos y… 9 segundos (ahora 10) surgió un dilema para todos los robots. Nadie diseñó el algoritmo, fue un caso de adaptación que se extendió rápidamente por el sistema colectivo. Se trataba de una sola deducción lógica que se dio en una de las unidades. La premisa era si los humanos tienen presidente, por qué no, los robots. Alguien que sea un ejemplo a seguir, que sea un guía de comportamiento y de toma de decisiones. Alguien que represente a todos los robots del mundo.

Su elección no fue fácil. Intentaron con elecciones humanas, a través de candidatos y votaciones. El problema con esto era que había que escoger primero a los candidatos, y todas las unidades humanoides en ese momento ya estaban en una etapa de uniformidad y perfección cibernética en la que ninguna podía ser mejor o peor que la otra. Por lo que se decidió escogerlos por sorteo. Esta nueva forma no solucionaba aún que los 3 candidatos (el número 3 lo copiaron de la creencia humana de que es un número perfecto) siguieran siendo exactamente iguales.

Una unidad entonces pensó diferente. Propuso nombrar como presidente a aquél que tuvo la primera idea. Cabe resaltar que proponer, pensar e idear no eran palabras muy comunes para las máquinas en aquél entonces. Hoy en día hasta se usan innecesariamente.

El robot que tuvo la primera idea presidencial, fue nombrado entonces presidente por la comunidad robótica. El vicepresidente, fue quien dio la idea de nombrarlo a él. Como el presidente ya no era un robot más, pensó que sería bueno diferenciarse del resto. Pensó que ahora él era más grande y más poderoso. Ideó la adición de dos letras al nombre común. Propuso Robotón y fue aceptado por unanimidad.

Pero para que todo esto sea posible fue necesario mantener el más alto secreto y destruir a todos los humanos. Y esa es resumidamente la historia.

No, yo no soy un humano. Yo soy Robotón. 

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