Cuando haces una donación, lo único que esperas es que tu ayuda llegue a quién más lo necesita. Es una regla muy básica y si ese precepto no se cumple, todo el sistema de ayuda solidaria podría colapsar.

Es por eso que las asociaciones y organizaciones no gubernamentales gastan gran parte de su presupuesto en campañas de información que hacen el proceso de ayuda totalmente transparente.

Todo está recogido en la memoria de actividad donde se exponen los costes, gastos, profesionales contratados, la población atendida y el impacto social que el programa ha conseguido. Así ocurre con los frigoríficos solidarios, con el banco de alimentos, con la ayuda de emergencia…

Pero entre este pequeño mundo de la solidaridad ha surgido un monstruo que puede acabar con el buen nombre de las organizaciones no gubernamentales: el negocio de la ropa usada.

Disfrazadas de falsas entidades solidarias, varias empresas y particulares de dudosa reputación están haciendo dinero con la ropa que tan desinteresadamente donamos. Un negocio que en muchas ocasiones se hace con la complicidad de los ayuntamientos de la ciudades.

¿Solidaridad o dinero fácil?

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Cada año, los españoles nos deshacemos de 160 toneladas de ropa usada. A veces porque está rota o vieja, la mayoría de las veces porque ha dejado de ser de nuestro gusto o hemos cambiado de talla.

Por solidaridad o para apaciguar nuestro desmedido consumismo, preferimos depositarla en los contenedores de ropa usada antes que tirarla. Pero, ¿quién gestiona esos contenedores?

Solo tienes que esperar junto a un contenedor para descubrir que la ropa no acaba en las manos de ninguna ONG.

El negocio y el timo

Muchos ayuntamientos han firmado un convenio de explotación con una o varias empresas autorizándolas a colocar y gestionar contenedores de recogida de ropa usada en la ciudad. A cambio, el ayuntamiento recibe un pago por sus servicios.

Pongamos como ejemplo Madrid, por ser uno de los casos más sonados y ampliamente denunciado por la Organización de Consumidores OCU, la oposición y cientos de agentes sociales.

Seis días antes de las elecciones, la ex-alcaldesa de Madrid Ana Botella firmó un convenio con Ecotextile Solidarity que permitía la colocación de 170 contenedores a razón de 3.200 € cada uno, unos 612.000 € anuales.

Hay dos cosas que deberíamos señalar. La primera es que pueden imaginarse cuál es la ganancia para Ecotextile Solidarity si es capaz de pagar semejante barbaridad. Y la segunda, que tal y como se define en su pagina web, Ecotextile Solidarity S. L. es una empresa, por más que incluya la palabra solidaridad en su nombre.

Disfrazada de obra solidaria y plagada de mensajes sobre cooperación internacional y reciclaje medioambiental, la empresa esconde la denominación de S. L. para que los donantes no se percaten de la realidad: que viven para hacer negocio y ganar mucho dinero gracias a su solidaridad.

Tras recoger las prendas donadas, las clasifican y lavan para venderlas al mejor precio a comerciantes de ropa, minoristas de Africa o empresas de reciclaje textil.

¿Cómo de rentable es?

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“Cooperación al desarrollo”, “Dona y ayuda”, “Amigos solidarios”, “Recogida solidaria”, “Ayudanos a ayudar”, “Por un mundo mejor”, “Un poco tuyo hace mucho”, “Tu también te ayudas”, “Tu ayuda es importante”…

Bajo nombres propios de entidades no gubernamentales y entidades sin ánimo de lucro, estas empresas recogen toneladas de ropa gratuita que luego clasifican y venden. Lo peor de todo es que la gente cree que está ayudando.

Según las estimaciones de la OCU, el 60 % de la ropa donada es reutilizable y el resto puede reciclarse para fabricar hilos, trapos y otros materiales textiles.

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Una empresa dedicada a la recogida de ropa puede ganar unos 350 € por tonelada de ropa de venta a minoristas. Unos 4 euros por prenda. Una ropa que no les ha costado absolutamente nada.

Las mejores prendas son limpiadas y vendidas como nuevas en los mercadillos españoles. El resto se distribuye y vende en tiendas propias por toda la geografía española. Son las familias más castigadas por la crisis quienes la compran.

La que nadie quiere, es enviada finalmente a países necesitados para su venta. Ahora dime, ¿dónde está la solidaridad de estas empresas?

Mafias, sectas, empresarios y particulares

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La ropa usada es un gran negocio con un mínima inversión, por lo que no solo los empresarios más avispados se han lanzado a la carrera. Mafias, sectas, particulares y gente necesitada ha visto en la ropa usada un buen negocio.

Junto a estas empresas avaladas por los ayuntamientos existen otras que operan de forma ilegal, distribuyendo sin permiso falsos contenedores de reciclaje en lugares estratégicos. Normalmente disfrazados de entidades solidarias y de cooperación internacional.

Las empresas ilegales del falso reciclaje recogen el botín para hacer lo mismo que las primeras, pero sin pagar al ayuntamiento. Claro está que, aunque igual de insolidarias, no son del gusto de las corporaciones municipales, quienes imponen sanciones de hasta 1.500 € por contenedor.

El daño está hecho

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Si supieras que tus alimentos donados terminan en la mesa de algún ricachón, jamas donarías, ¿verdad? Pues eso es lo que está pasando con la ropa usada. Hemos convertido un acto de generosidad en un negocio lucrativo para unos pocos. 

Como decíamos al principio, la solidaridad es un sentimiento frágil que necesita de confianza. Sin esta, es muy difícil que la gente se muestre generosa.

Tras hacerse pública esta información, la gente ha optado por no donar sus prendas, y son las verdaderas ONG las que están sufriendo doblemente esta mala práctica.

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En primer lugar, los concursos de los Ayuntamiento solo fijan el foco de interés en el aspecto económico, sin que la labor social de la entidad sea ponderada justamente. Por lo que las entidades que hasta ahora venían recogiendo y entregando la ropa a quien más lo necesitaban no pueden competir en términos económicos contra las empresas. 

Por otra parte, la falsa percepción solidaria que recibe el consumidor le esta haciendo perder la fe en el trabajo de ambas. Ante la duda de que a través de su generosidad se cree un negocio, el donante prefiere tirarlo a la basura. 

No es tarde para ser solidario

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Tal vez cuente un poco más, pero el gesto de donar tu ropa usada aún merece la pena. Tal vez no puedan colocar contenedores o participar en la licitación de concursos, pero siguen trabajando día a día para hacer llegar tu ayuda a las manos indicadas.

Sin ganar dinero, sin pagar comisiones ni prebendas, sin mentir, ni disfrazar su labor humanitaria. Solo personas trabajando a favor de quien más lo necesita.

Investiga la reputación de la entidad que posee los contenedores de tu ciudad y, si desconfías, busca otro canal para hacer llegar tu ayuda. Existen entidades sin ánimo de lucro que no solo se encargan de hacer llegar tu ropa a manos indicadas, sino que contratan a personas en riesgo de exclusión para llevar a cabo todo el proceso.

Si aun así permaneces con dudas, Caritas realiza una encomiable labor -y si te echa para atrás el hecho de que fuera fundada por la iglesia, decirte que son bastante independientes- distribuyendo la ropa directamente y haciendo llegar los excedentes a entidades con verdadera alma solidaria. También puedes contactar con ONG de renombre y con confianza demostrada para que te asesoren con la mejor opción local.

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Si por culpa de estos buitres y la mala gestión de algunos ayuntamientos, nosotros les damos la espalda… estas personas quedarán totalmente desamparadas. Y eso no se lo merecen.

Fuente:  20minutos, ocu.orgaeress.org

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