Seguramente no mucho, ¿verdad? No te preocupes, lo normal es no tener conocimiento de este hecho tan singular. Para comprender esta pregunta tenemos que remontarnos a la década de los 80, es decir, 30 años atrás.

Entonces Ichiro vivía con su mujer Tomoko y su hijo Tim en Saitima, Japón. Hipotecaron su casa y abrieron un restaurante, pero entonces el mercado se desplomó y como consecuencia inevitable la pareja se vio más que endeudada.

Por supuesto, no solo afectó a Ichiro y Tomoko, sino que cientos de miles de japoneses se vieron en la misma situación. Podrían haber considerado otras opciones, sí, pero la mayoría vendió su casa, escaparon con sus familias y desaparecieron.

Hoy, muchos años después, Ichiro asegura que las personas son cobardes, todos quieren tirar la toalla, desaparecer y reaparecer en un lugar donde nadie les conozca“. Él nunca se imaginó huyendo, sin embargo lo hizo y ahora opina que “huir es una vía rápida hacia la muerte“.

De todas las rarezas que conforman el país del sol naciente, quizá esta, la conocida como “la evaporación de la gente”, sea de las más extrañas.

Desde mediados de la década de 1990, se estima que al menos 100.000 hombres y mujeres japoneses desaparecen anualmente. Pero lo curioso de esta cifra no es la cantidad de desapariciones, sino la voluntad de la misma. Desaparecen porque quieren, es decir, las mismas personas desaparecidas son quienes planean y efectúan su desaparición. 

Se condenan a la desaparición independientemente si han suspendido un examen o se han divorciado; la gravedad del asunto no cambia su extrema solución al problema.

Mauger, Norihiro, Stati o Yuichi son solo algunos de los muchos que han urdido un plan perfecto para desaparecer, como salida perfecta a no enfrentar un problema o evitar una mala situación. 

Yuichi, por ejemplo, se hizo desaparecer porque después de haber estado cuidando a su madre enferma durante años, los gastos médicos, casa y comida le superaban. La situación pudo con él: verse incapaz de cuidar de la persona que le había dado la vida. Este pensamiento le hizo decidir que lo mejor era desaparecer, quitarse del medio. 

Estas “evaporaciones” han aumentado en Japón en los puntos clave: las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, cuando la vergüenza nacional estaba en su apogeo máximo, y tras las crisis financieras de 1989 y 2008.

Además de sentirse culpables, llega también la soledad y el malestar. Muchos consiguen recuperar su identidad con el paso del tiempo, mientras que otros se quedan vagando entre una vida anterior y un presente sin identidad que termina por destrozarles. Huir de la sociedad llega a destruirte“, dicen quienes han sufrido este problema de cerca. 

Pero cualquiera que sea la vergüenza que motiva a un ciudadano japonés a desaparecer, no es menos doloroso que el efecto que produce en sus familias y seres queridos. Pues estos, a su vez, se sienten avergonzados por tener un familiar desaparecido. 

Por eso la mayoría de las desapariciones no se denuncian a la policía, hecho que complica aún más el problema. 

Muchas familias en esta situación acaban buscando ayuda de forma privada, detectives o investigadores que mantienen los detalles en secreto. 

Estos rastreadores profesionales realizan un promedio de 300 casos al año. Un trabajo de lo más difícil, si tenemos en cuenta que en Japón, a diferencia de Estados Unidos, no tiene ninguna base de datos con las personas desaparecidas, por ejemplo. 

 Además, no hay documentos o identificadores que se puedan utilizar para rastrear a una persona una vez que comienzan a viajar de incógnito dentro del país. 

La mayoría de las investigaciones terminan a mitad, sin llegar a buen puerto“, dice Sakae Furuuchi, uno de los detectives, que además ejerce como jefe del grupo. 

Todo ello sin contar con que las cifras para buscar a alguien oscilan entre 500 dólares al día y 15.000 dólares mensuales, algo imposible para aquellos que han decidido desaparecer por una deuda familiar.  

Pero no solo hablamos de desapariciones, sino de suicidios también. Y es que, de acuerdo con un informe de 2014 por la Organización Mundial de la Salud, la tasa de suicidios en Japón es un 60% mayor que el promedio global. Hay entre 60 y 90 suicidios por día.

Los más jóvenes empiezan a cambiar pequeños detalles en muchas de las tradiciones del país, pero sin abandonar por completo su esencia ya que eso sería inaceptable. 

Publicado en Insólito
Fuentes consultadas:
http://nypost.com/2016/12/10/the-chilling-stories-behind-japans-evaporating-people/