Hace unos meses os mostramos en vídeo algunas de las técnicas que la industria alimentaria utiliza para “fabricar” chuletones de primera a partir de recortes de carne y despojos.

No menos sorprendentes son las técnicas utilizadas por ciertos vendedores callejeros, así como por pequeñas empresas, para aumentar sus beneficios a costa de la de sus clientes, manipulando el género con argucias y trucos. 

Uno de los fraudes más extendidos y perseguidos del último año en Latinoamérica es la infiltración de agua en la carne de pollo, una técnica muy económica que acabamos de descubrir que también está siendo aplicada en gambas y langostinos procedentes de Vietnam.

Langostinos manipulados

La infiltración de agua en los alimentos mejora su apariencia, ya que la carne se ve más lustrosa y brillante. Especialmente en el marisco, al que le aporta una falsa sensación de frescura.

También aumenta el peso de la pieza, lo que se traduce en mayor ganancia para el vendedor, quien logra transformar así agua el dinero. Por supuesto, una vez la pieza sea cocinada el agua se evaporará.

Por otra parte, debemos señalar que el riesgo sanitario también es alto. En primer lugar, nadie nos asegura que el material utilizado para realizar el infiltrado sea estéril, o que la sustancia infiltrada sea segura ya que no se indica en la etiqueta. Destacar también que el consumidor no puede identificar correctamente la frescura del producto, pudiendo comerlo una vez superado el tiempo de consumo preferente.

En este nuevo caso de alerta alimentaria, las infiltraciones en gambas y langostinos están siendo realizadas con una sustancia conocida como carboximetilcelulosa, o CMC, disuelta en agua. Esta sustancia a menudo es utilizada como espesante para la formación de hielo y, aunque se considera segura, el truco es igualmente deshonesto, ya que no tiene ventaja alguna para el consumidor. Simplemente pretende engañarle. 

La carboximetilcelulosa o CMC es inyectada en la cabeza, cola y zona media del crustáceo, con lo que mejora su volumen y apariencia. Puedes ver cómo lo hacen en el siguiente vídeo.

¿Cómo saber si es fresco?

Vietnam es uno de los mayores importadores de gambas, langostinos tigre y gambones del mundo, por lo que hasta que las autoridades del país  no tomen cartas en el asunto, todos podríamos ser víctimas de este fraude.  Por eso, si no podemos fiarnos de su apariencia para comprobar su frescura, deberemos atender a estos consejos:

gambas

Shutterstock

Vigila que no esté curvado. Esta forma solo se adquiere durante la cocción o si el marisco está pasado.

Los ojos deben ser negros y brillantes. Si se ven mate y apagados, huye.

Huélelo. Nada identifica mejor un marisco poco fresco que su olor, sino huele a mar y huele mal, no lo compres.

Que sea traslúcido. Si su color grisáceo empieza a tornarse con reflejos verdosos es mejor tirarlo.

¿Y si es congelado? Al igual que el fresco, el pescado congelado debe estar íntegro, con un aspecto fresco y no puede contener escarcha en el envase. En cualquier caso, es mejor evitar el proveniente de Vietnam o comprarlo fresco, pues será más fácil de identificar.

Artículo por La Voz del Muro.

Fuente:  dailymail.co.uk

Publicado en Salud