Los padres helicóptero son aquellos que se preocupan en exceso por el bienestar de sus hijos, controlando cada aspecto de su vida hasta el punto de crear una relación tóxica.

Esto implica que son ellos quienes resuelven los problemas de sus hijos, toman todas las decisiones por ellos, rescatándolos y saliendo en su defensa en cuanto notan el más mínimo peligro.

La paradoja está en que el mayor peligro para el bienestar y el futuro de sus hijos son ellos mismos, ya que su actitud crea niños incompetentes.

Cómo reconocer a un padre helicóptero

Reconocerás a un padre helicóptero por su manera de hablar, ya que absorbe la identidad del niño hablando siempre en plural: “¡Cuántos deberes tenemos hoy! Vamos a tener que esforzarnos y tendremos que quedarnos sin ver la televisión para acabar pronto e irnos a la cama”.

No hay niño más ocupado que el hijo de un padre helicóptero. Tras el colegio, el niño tiene una agenda de actividades sin parangón, quedando exhausto y sobreestimulado. Además, estos padres insisten en acompañarlos y, a veces, en esperarlos para poder hablar con los profesores e influir en el trato y las calificaciones.

Los niños crecen encerrados en una campana de cristal ya que no pueden tomar sus propias decisiones ni resolver sus problemas. Por culpa de esta actitud, no logran desarrollar habilidades sociales para resolver conflictos y generar buenas relaciones personales en la vida y en el trabajo.

Por si todo esto fuera poco, los padres helicóptero también tienden a malcriar a sus hijos, complaciéndolos en todo aunque tengan que hacer grandísimos sacrificios.

Padres exhaustos, hijos inútiles y familias frustradas

El resultado de este tipo de crianza no podría ser más descorazonador, ya que con esta actitud sobreprotectora los padres consiguen justo aquello que con tanto ahínco desean evitar.

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Los niños se convierten en adolescentes y adultos inseguros, miedosos, incapaces de tolerar la frustración, de tomar decisiones por sí solos y de asumir responsabilidades. Para que os hagáis una idea del nivel de dependencia que estos niños desarrollan con sus padres, os exponemos un caso que la escritora Eva Millet narra en su libro sobre la hiperpaternidad.

Una estudiante de intercambio se quedó encerrada en un ascensor en Barcelona. En vez apretar el botón de alarma, llamó a su madre a Estados Unidos, la cual avisó a la Universidad de Chicago, quienes a su vez dieron parte a la sede en Barcelona para que fueran a rescatarla.

La joven podría haber apretado la alarma, haber llamado con su móvil a la compañía de ascensores, haber buscado el número de la policía o mil cosas más, pero fue incapaz de desarrollar una estrategia que la sacará de allí por sí sola. Necesitó de su madre como siempre había hecho.

El futuro tampo es mejor para los padres, ya que nunca recuperan la autonomía cuando sus hijos crecen. Según los estudios realizados, tanto los padres como los hijos de una relación helicóptero son más propensos a sufrir enfermedades relacionadas con el estrés y la depresión.

Felicidad, sufrimiento y autonomía

Según la Teoría de la Autodeterminación, para que una persona sea feliz y se sienta realizada debe satisfacer tres necesidades básicas: sentirse autónoma, competente y conectada con otras personas.

Para lograrlo, debe experimentar un largo aprendizaje en el que sufrirá desilusiones, enfrentará desafíos y solucionará problemas para ponerse a prueba y crecer. Gracias a estos momentos de sufrimiento e incertidumbre, se formará la personalidad y la confianza imprescindible para satisfacer esas necesidades y ser feliz.

Nuestra tarea como padres es guiar a nuestros hijos y ayudarles a resolver sus problemas, no solucionarlos en su lugar. De lo contrario, crearemos niños muy preparados académicamente pero emocional y socialmente incapacitados.

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Si sospechas que puedes estar convirtiéndote en un padre helicóptero, pon en práctica estas sencillas pautas.

Hay que ser un submarino

Los niños siempre eligen la vía más sencilla para salirse con la suya, y esa, obviamente, es recurrir a sus padres. Si estos están siempre a la vista y dispuestos a rescatarles como un helicóptero, utilizarán este recurso más de lo necesario. Siendo un submarino, permaneceremos atentos por si necesitan ayuda, pero no recurrirán a nosotros en primera instancia.

Practica la sana desatención

De vez en cuando, si el contexto es seguro, delega la vigilancia de tu hijo, incluso en él mismo. Tú eres más cosas que madre o padre, también tienes otros roles que debes satisfacer, por tu salud y la de tu hijo.

Si no logras satisfacer tus propias necesidades básicas de autonomía, competencia y conexión social, no serás el modelo a seguir que tu hijo necesita.

Déjale cometer sus propios errores

Nadie aprende por los errores de otro, y tu hijo tampoco. Puede que tú ya sepas que la cosa saldrá mal, pero tienes que dejar que se equivoque.

Si le privas de aprender de sus propios errores, puede que a corto plazo le restes cierto sufrimiento, pero le impedirás ser perseverante, emocionalmente independiente y construir una autoestima fuerte, aspectos fundamentales para ser feliz el día de mañana.

Fuente: rincopsicologia.com

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