La historia de los inventos es la historia del ser humano en sí misma, no hay una sin la otra.

Gracias a nuestro ingenio hemos ideado artificios, herramientas y útiles que nos han permitido mejorar el cultivo, revolucionar el transporte o alargar nuestra vida. En definitiva, avanzar como sociedad.

A pesar del ingenio, los inventores no siempre alcanzan el éxito con sus ideas y muchas de ellas fracasan estrepitosamente, a veces con consecuencias fatales.

Conoce la historia de Franz Reichelt, el sastre que murió saltando desde la Torre Eiffel intentando demostrar la utilidad de su invento.

Sastre con madera de ingeniero.

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Nacido en Viena en 1879, se mudó a París a los 19 años donde comenzó a trabajar como sastre. Habilidoso con la aguja, sus diseños se hicieron famosos y el negocio prosperó, tanto que en 1909 cambio su nombre por el de François al obtener la nacionalidad francesa.

Movido por la curiosidad y las noticias de la época, el sastre comenzó a desarrollar la idea que le conduciría a la muerte.

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Franz comenzó el desarrollo de un paracaídas que permitiese a los pilotos sobrevivir en caso de accidente aéreo. Su diseño sería el más compacto del mercado y podría ser transportado en una mochila.

El prototipo inicial se reveló inútil, ya que pesaba 70 kilogramos y conseguía desplegar 6 metros cuadrados de tela.

Tras varios esfuerzos Franz consiguió perfeccionar el diseño reduciendo su peso hasta los 9 kilogramos y ampliando su envergadura hasta los 32 metros cuadrados.

Prueba y error.

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Franz lanzaba un maniquí desde el quinto piso de su estudio de París equipado con cada uno de sus prototipos para estudiar su eficacia. Aunque las primeras pruebas fueron relativamente exitosas, el sastre no conseguía establecer una constante.

En su primera hipótesis determinó que 5 pisos de altura eran insuficientes para conseguir que los paracaídas se desplegaran completamente. Necesitaba un lugar con más alto

En 1911, Franz consiguió que la policía francesa le otorgara permiso para realizar las primeras pruebas con maniquíes desde la Torre Eiffel.

Francois Reichelt, before his fatal attempt, 1912

A pesar de los 57 metros de altura del primer piso de la Torre Eiffel, los paracaídas continuaron estrellándose contra el suelo. Enfadado Franz atribuyó esta circusntancia al hecho de que los maniquíes, dada su condición de seres inanimados, no comandaban convenientemente el artefacto y por ello no se completaba el despliege completo de la vela.

Fue entonces cuando tomó la decisión que le costaría la vida.

El salto fatal.

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El 4 de ferbrero de 1912, Franz llegó a la Torre Eiffel acompañado por dos de sus amigos y un camarógrafo. Como otros tantos días, la policía había acordonado la zona para proteger a los transeúntes del lanzamiento de maniquíes.

Lo que nadie esperaba era que al salto lo protagonizara el mismísimo Franz Reichelt. Y mucho menos que se estrellara contra el suelo dejando un enorme agujero.

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Hacia mucho frio y corría un fuerte viento, aun así, confiado de sus cálculos y pericia, el sastre subió sobre la barandilla de la primera planta de la Torre Eiffel.

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Tras ajustar su paracaídas y lanzar un pequeño trozo de papel para comprobar la dirección del viento, Franz saltó.

Sin embargo el paracaídas no se abrió apenas y cayó pesadamente sobre el césped.

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Tras su muerte, sus amigos declararon que habían tratado de disuadirlo pidiendo que continuara lanzando maniquíes hasta saber que su invento funcionase a ciencia cierta.

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A pesar de las peticiones Franz llevo a termino su plan, poniendo su propia vida en juego.

“Quiero probrar el experimento por mí mismo y sin engaños, ya que lo que quiero es probar el valor de mi invención.”

¿Qué le movió a realizar semejante acto? Algunos apuntan a que fue la nobleza de creer en su idea, otros a un exceso de confianza. No son pocos los que piensan que era la fama y el dinero lo que ansiaba, y que por esa razón convocó a la prensa y contrató a un camarógrafo para registrar su hazaña.

Sea como sea, Franz desoyó las críticas y consejos de sus amigos, movido por una profunda convicción. Las cámaras fueron testigo de su determinación como así lo demuestran estas imágenes.

Fuente: theoddmentemporium, wikipedia, lagacetadetucuman

Publicado en Insólito