En un pueblo de Castilla La-Mancha, la tierra de Don Quijote, un grupo de personas se divertían con Fernandito, el ‘tonto del pueblo’, un pobre infeliz de poca inteligencia que subsistía viviendo de las limosnas de la gente que obtenía a cambio de realizar pequeños recados.

Todos los días, algunos de los hombres del pueblo que se reunían en el único bar, llamaban a Fernandito y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de mayor tamaño -de 50 Céntimos- y otra de menor tamaño pero mayor valor 1€.

Fernandito siempre tomaba la más grande y menos valiosa, lo que hacía que todos se unieran en una sonora carcajada por la decisión que tomaba éste.

Un día, alguien que observaba al grupo de borrachos divertirse a costa de Fernandito, lo llamó y le preguntó si no se había dado cuenta que la moneda de mayor tamaño valía menos, y éste le respondió:

– Lo sé, no soy tan tonto…, vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el juego se acabará y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podría acabar aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

La primera: Quien parece tonto, no siempre lo es.

La segunda: ¿Cuáles son los verdaderos tontos de la historia?

La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.

La cuarta, y la conclusión más interesante: Podemos estar bien, aun cuando los demás no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

Y aún con todo esto, la historia tiene otra MORALEJA

‘El verdadero hombre inteligente es aquel que aparenta ser tonto delante de un tonto que aparenta ser inteligente’

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