La vida está llena de errores y mentiras, quien no haya pasado por ambas no ha empezado a vivir en pequeña, mediana o gran manera; sobra decir que estas dos vivencias llegan a nosotros por actos propios, de conocidos o lo compartido por cualquier persona en el mundo a través de internet. En todo esto hasta qué punto es válido decir “todo el mundo se equivoca” o “no medí las concecuencias”, hasta qué punto mentir deja de ser un error y se convierte en únicamente una forma de ser que involuntariamente te consume.

Lo anterior no lo digo con el fin de juzgar, la vida nos lleva por caminos que muchas veces no entendemos pero también hay momentos en que la vida misma nos da espacios para sincerarnos, arrepentirnos y hacer frente a lo que pueda o no venir; dejando a un lado el solo pensar en uno mismo.

También es válido decir al pasado el pasado y simplemente no querer abrirse, en algunos casos es totalmente entendible pero en los que una persona, que maduramente y con el corazón abierto, quiere darte la mano para entenderte ¿por qué no hacerlo?

Querer a alguien debe acompañarse de aceptación, confianza e inseguridad natural opacada por un mayor sentido de seguridad que solo brinda la transparencia.

En este mundo de que “todo se permite” es imposible no caer en mentiras y errores pero si alguien se nos manifiesta actuando como la vida misma al solo querer saber ¿quién es uno? y entendemos que él o ella nos importa, hagámoslo; suceda lo que suceda no será un error más en nuestras vidas.

Hagan lo que quieran, disfruten sus vidas como mejor les parezca pero no digan “todos nos equivocamos” o “no medí las consecuencias” para justificarse luego de que todo se prestó para aceptarse a si mismos. Y si lo hacen solo tengan claro que ese sí es un error.

Pablo Castro.

Publicado en Cultura y ocio