Francisco Collado

Inquietante. Fascinante. Terrorífico. Cualquiera de estos adjetivos, serviría para calificar el libro del Doctor en psicología e investigador de renombre en el campo de la psicología criminal. Robert D Hare. El autor es profesor emérito de la University of British Columbia donde centra su investigación en sicopatología y psicofisiología. Fascinante, si lo sujetos aquí estudiados no fueran seres humanos, si estas personas fueran el resultado de la mente de un escritor creador de mundos anormales. Pero no es así, lo aquí narrado es terriblemente verídico. Inquietante, si fuera algo lejano, que contempláramos a través de un cristal y que no nos rozara la piel. Pero las historias desgranadas en las páginas de este libro, son reales y sus personajes también. Por ello “terrorífico” sería el epíteto más apropiado para definir el estudio. Y lo es, porque nos afecta a todos. Porque estas personas, que no se curan, pero que tampoco están estrictamente enfermas, que cuando acuden a terapia únicamente aprenden como seguir manipulando las debilidades de los demás, que no sienten ningún tipo de culpa ni empatía, están a la vuelta de la esquina. Para el psicópata un programa de rehabilitación funciona en sentido inverso de un enfermo mental. Es un aprendizaje para seguir en su mundo de mentiras, utilización de los otros y destrucción de todo lo que le rodea. Para el psicópata, el otro no es más que un mero objeto, manipulable, del cual extraer todo lo que necesita. Son vampiros emocionales que agotan las vidas de las personas que tienen la desgracia de cruzarse con ellos y los llevan al abismo, satisfacen sus ansias egocéntricas con su víctima y cuando se cansan (son volubles) o piensan que no van a obtener más beneficios, desaparecen dejando un rastro de destrucción, sin importarles, ni mirar atrás. Para ellos realmente no ha sucedido nada relevante. Pasan a la siguiente víctima sin ninguna huella de culpa (ignoran lo que es). 

Lo mejor que puede suceder con los psicópatas, es que nunca tengamos que encontrarnos con ellos. Pero esto es difícil, teniendo en cuenta que están por todas partes. Los estudios valoran entre un dos y un cinco por ciento de la población. Tan sólo hay que calcular las posibilidades de tropezarse con ellos a lo largo de una vida. El cine ha tenido en gran parte la culpa de difundir una imagen distorsionada del psicópata, que no se corresponde exactamente a la realidad, presentando personajes como el erudito Hannibal Leckter o el sofisticado protagonista de American Psycho. El psicópata de a pie (si puede utilizarse este termino) es una persona de apariencia normal, capaz de camuflarse e imitar las emociones y los modos de convivencia de los otros para conseguir lo que quiere. Es un maestro de la mentira, narcisista extremo, que aprovechan las circunstancias con un sexto sentido como un depredador. En cierto modo son cazadores siempre en activo. Las personas de baja autoestima son sus presas favoritas. Tienen una habilidad especial para detectar puntos débiles e imitar las emociones, si es preciso. Manipulan, viven en constante violación de las normas sociales, que no les interesan, o les resultan una molestia, por eso aparecen como delincuentes tempranos y reincidentes, niñas de sexualidad precoz para manipular, torturadores de animales sin rastro de piedad o arrepentimiento, pero capaces de fingir emociones para su beneficio. Ególatras, cuyo paso por la vida de los otros es devastador. El estudio demuestra que están en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Banqueros y estafadores que hunden a colectivos en la miseria sin alterarse, abogados perniciosos, capos de la droga, etc. Son esas personas que destruyen todo a su paso, sin conciencia, con una conducta sorprendentemente amoral dentro de una aparente normalidad. Cuando se les describe a grupos de víctimas los síntomas identificables, comprenden por que esas personas les han hecho pasar un infierno en sus vidas. Tener la desgracia de encontrarse en la vida con un psicópata, o convivir con él, es una de las experiencias más aterradoras y anuladoras de la personalidad que pueden sucederle a alguien. Los testimonios que transcurren a lo largo del libro son estremecedores, sobre todo cuando proceden de niños. La psicopatía se manifiesta ya en la infancia, son adolescentes terribles, precoces y manipuladores, que hacen sentirse culpables a los padres y pensar que han fallado en su educación. En la vida cotidiana son tipos ingeniosos. Les gusta ser el centro de atención, no soportan la frustración y consiguen manipular todo con su carisma y energía desbordante, de tal modo que las personas que le rodean, apenas se dan cuenta de sus contradicciones, mentiras y falta de emociones verdaderas. Es cierto que una parte de ellos terminan siendo asesinos seriales o violentos delincuentes, pero los verdaderamente peligrosos son los otros, los cotidianos. Aquellos que se camuflan en la sociedad como depredadores, imitando emociones y repitiendo rituales que han aprendido que les pueden ser útiles, pero que realmente no sienten ni comprenden. Para ellos el dolor o el sufrimiento tienen el mismo valor emocional que una mosca volando. Salvo que vayan a utilizarlo para satisfacer su inmensurable ego y sus necesidades básicas e instantáneas, entonces no dudarán en realizar el acto violento que sea necesario, para a continuación servirse una cerveza, pensando que la otra persona lo merecía, si es tan débil como para dejarse vencer. El psicópata no suda, no altera el ritmo cardíaco ante situaciones de extrema violencia. Su lógica esta pervertida, pero sabe exactamente lo que hace. Aunque en su mundo interior (si esto existe) lo justifique todo desde ese pensamiento distorsionado. La única defensa, es mantenerse alejados de ellos desde primer aviso.

Publicado en Cultura y ocio