Aunque poseen una increíble belleza, y muchas similitudes físicas con nuestros perros domésticos, los lobos son depredadores salvajes con un fuerte instinto animal. No son buenos ni malos, solo son cazadores y, por ello, es mejor no encontrarse con una jauría hambrienta.

Sin embargo, y a pesar de su fiereza, los lobos pueden desafiar su naturaleza, hacer amigos y transformar una comunidad. Al menos uno de ellos. Conoce su historia.

Hace 13 años un lobo salvaje apareció ante el porche trasero del fotógrafo Nick Jans

“Hacia varios días que encontraba pisadas entorno a nuestra casa. Un día, al salir a pasear con mi perro, encontramos un gran lobo negro en mitad de la nieve. Nos miraba en calma, pero de inmediato supe que se trataba de un lobo, no de un perro, y que debíamos proceder con cautela”. 

Sin embargo, su perro también se percató de su presencia y, emocionado, escapó corriendo para recibir al extraño

Nick se temía lo peor, pero entonces ocurrió lo nunca visto. Ambos animales se olisquearon y comenzaron a jugar en la nieve

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Arnie Hanger

Rápidamente Nick agarró su cámara y trató de recoger tan insólito encuentro. Fue el primero de muchos

Durante más de 6 años, el lobo negro aparecía a las afueras del Mendenhall Glaciar Park en Juneau, Alaska, para jugar con otros perros

Al principio los humanos se mostraron muy desconfiados, pero tras unas cuantas visitas el lobo se ganó el respeto de todos

Lo bautizaron con el nombre de Romeo y hasta los humanos pudieron jugar con él

“Mi amigo Harry llevó un día un disco de juguete para lanzárselo a su perro pero, para sorpresa de todos, Romeo también quiso recogerlo y entregárselo. No sabemos si por imitación, pero el lobo adquirió ciertos comportamientos sociales que apreciamos en los perros”, declaró Nick en una entrevista.

Las tres especies convivieron en paz durante más de 6 años, y Romeo se convirtió en todo un símbolo de la localidad

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Klas Stolpe/Juneau Empire

“A falta de una palabra mejor, solo puedo decir que nació un amistad entre especies. El lobo venia trotando a saludar, cuando lo humanos íbamos a esquiar. Disfrutábamos de su compañía y él de la nuestra. Fue un duro golpe para el pueblo que Romeo muriese”.  

Tal y como llegó, un buen día Romeo se esfumó. No hubo ningún incidente ni tragedia, simplemente murió de viejo

“Un lobo salvaje vive una media de 3 años. Romeo estuvo 6 años entre nosotros y debía tener dos años cuando apareció por primera vez. Eso supone al menos 8 años de vida, mucho más que otros lobos salvajes. Nos gusta pensar que fue la amistad y la colaboración entre especies lo que le permitió vivir por más tiempo”, recuerda Nick.

Esta es la placa conmemorativa que la localidad de Juneau le dedicó a Romero tras su muerte, para recordar con cariño la amistad con la que les obsequió durante tantos años.

Nick Jans también escribió un libro titulado Un lobo llamado Romeo, en el que recoge toda la historia y reflexiona acerca la capacidad del ser humano para vivir en paz con otros animales salvajes. Sin duda, una lectura apasionante.

Fuente: Romeo: The Story of an Alaskan Wolf / Facebook, National Geographic, Vía: Boredomtherapy.com

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