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A pocos días de la clausura de los Juegos Olímpicos, son muchos ya los momentos inolvidables que el evento multideportivo nos ha regalado hasta la fecha, y que sin duda pasarán directamente a las páginas de la historia del deporte.

Además del lamentable accidente del gimnasta francés Samir Ait Said, quien se rompió la tibia y el peroné tras un fortísimo aterrizaje durante las pruebas de clasificación de salto de potro, hay otra imagen que está acaparando las portadas de todo el mundo.

¿No os habéis fijado que algunos deportistas olímpicos, como el nadador Michael Phelps, lucían unos círculos de color rojo oscuro en sus cuerpos? Tras el debate suscitado, varios medios de comunicación pronto saltaron a la palestra para resolver el enigma.

No son quemaduras, ni tampoco contusiones, sino las marcas producidas por la ventosaterapia, una terapia que viene realizándose desde la antigüedad -sobre todo en China-. De hecho, existen fuentes que describen cómo los antiguos egipcios utilizaban la ventosaterapia ya en el año 1550 a.C.

La ventosaterapia puede llevarse a cabo de 2 maneras: la seca, que solo se lleva a cabo con succión, y la mojada, que usa una combinación de succión y sangrado controlado.

El método requiere encender un algodón empapado en alcohol e introducirlo dentro de la ventosa. Cuando las llamas se extinguen, se coloca el vaso boca abajo sobre la piel del paciente, coincidiendo con la zona dolorida a tratar. A consecuencia de la combustión del oxígeno se crea un vacío dentro de la ventosa que al ser colocada sobre la piel provoca una succión que, a su vez, produce estas marcas tan características.

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La ventosaterapia lleva utilizándose desde la antigüedad, y más concretamente en las las civilizaciones de Oriente Medio y los países asiáticos, especialmente en China, aunque la ciencia aún no respalda su efectividad.

Generalmente estas ventosas suelen ponerse entre 5 y 10 minutos aproximadamente.

La succión eleva la piel del músculo o hueso, permitiendo la expansión de los vasos sanguíneos para que fluya más sangre hacia la zona del cuerpo afectada.

Se cree que este incremento de circulación sanguínea ayuda a aliviar el dolor muscular, reducir la hinchazón y, en general, ayudar a que el cuerpo se recupere de manera más rápida. También, durante los últimos años, esta terapia alternativa ha sido utilizada por personas que sufren todo tipo de dolencias, tales como herpes zóster, parálisis facial, tos, dificultad para respirar y acné. No obstante, estas ventosas se utilizan comúnmente para tratar el dolor muscular.

Por ejemplo, Michael Phelps, el gimnasta estadounidense Alex Naddour o el nadador bielorruso Pavel Sankovich, han publicado fotografías de sus espaldas y extremidades llenas de marcas de la ventosaterapia.

Pavel Sankovich a través de Instagram: "Ventosaterapia, una gran herramienta de recuperación".

Pavel Sankovich a través de Instagram: “Ventosaterapia, una gran herramienta de recuperación”.

Aunque esta práctica no solo es utilizada por deportistas, ya que algunas celebridades como Gwyneth Paltrow, Jessica Simpson o Jennifer Aniston, han sido vistas con estas marcas circulares y han declarado ser fieles adeptos de esta práctica.

El gimnasta estadounidense Alex Naddour y otros deportistas olímpicos estadounidenses aseguran que la ventosaterapia les funciona.

El gimnasta Alex Naddour y otros deportistas olímpicos estadounidenses aseguran que la ventosaterapia les funciona.

¿Pero realmente funciona?

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Muchos miembros de la comunidad científica se muestras bastante escépticos en cuanto a esta técnica. Después de todo, los informes sobre su éxito son principalmente anecdóticos.

En 2012, una revisión de estudios sobre el tema, publicados entre 1992 y 2010, sugirió que la terapia podría tener más efectos que los de un mero placebo. Concluyeron que el método podría tener beneficios en ciertos trastornos -como parálisis facial y espondilosis -trastorno de la columna vertebral- si se combinaba con medicamentos o con acupuntura.

Sin embargo, estos estudios también contaban con un gran número de errores, por lo que aún queda mucho por investigar para desarrollar estudios más fidedignos y concluyentes.

Por tanto, la ventosaterapia “no es un tratamiento médico comprobado, del que no hay evidencia de su efectividad“, tal y como ha asegurado el profesor Edzard Ernst, del departamento de medicina complementaria de la Universidad de Exeter, Inglaterra.

Vía: BBC

Publicado en Miscelánea