Subo al lugar donde todo ocurrió, como unos y ceros camino arropando cada espacio de pensamientos…
No puedo seguirte; acompáñame en el silencio.
Después de mil años, la luz se detuvo sobre su rostro turbado.
No más sombras gritando con vehemencia; no más espera.
1…2…. Me repito, para contener lo ineludible, no más excusas: solo somos miradas.
1…2…3 Caigo de nuevo en este vicio miserable que evoca indecisión.
Detengo las piernas que piden escapar.
Como la noche que dibuja sus estrellas en el cielo.
Mancharé este lienzo sedicioso que forzó tu sonrisa sin paz.
Subo al lugar donde todo comenzó, como unos y ceros.
Giro la manilla de ese ayer y te encontré… a mí.

Publicado en Relatos