Todos los que hemos visitado IKEA, hemos probado sus camas, discutido en sus pasillos y comido en su cafetería, pero lo que jamás se nos ocurriría es hospedarnos en sus instalaciones.

Reconozco que sus pisos de exposición son muy atractivos y puede que tras un duro día de comprar te sientas muy agotado, pero meterme en una de sus camas para echar una siesta no es lo mío.

Sin embargo, otras personas no deben ser tan escrupulosas, pues Harvie Champine ha vivido dos días completos en IKEA sin que lo descubrieran. Esta es su curiosa historia.

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Tras un periodo de trabajo intenso en la oficina, Harvie consiguió por fin unos días libres para realizar uno de sus viajes soñados, un crucero, sin embargo, sus planes se fueron al traste cuando descubrió que la compañía de viajes no existía en realidad y el dinero se había esfumado.

Enfadado, comenzó a buscar alternativas, pero no encontró ningún amigo dispuesto a tener una aventura, todos estaban demasiado ocupados en proyectos profundos y trascendentales como designar un recipiente adecuado para sus llaves, cortar una sandia de manera especial o motivarse así mismo subiendo selfies a internet.

Solo y deprimido, decidió visitar IKEA para calmar su frustración, pues mantenerse ocupado y compadecerse de si mismo mientras merendaba un par de perritos calientes por un dólar, no le pareció mala opción. Tras 40 minutos en la cafetería y con el estomago lleno, su mente se empezó a nublar. Borracho de carne barata, se apresuró a encontrar un lugar en el que echar una pequeña siesta.

Antes de cerrar los ojos dentro de un pequeño loft de 170 metros cuadrados de vivienda exquisitamente decorado, Harvie programó su reloj, pero en su estado comatoso confundió el AM/PM de su alarma. Cuando despertó habían pasado cuatro horas, IKEA había cerrado y nuestro protagonista se encontraba atrapado a oscuras en una nave industrial sin ventanas.

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Harvie decidió que lo mejor sería permanecer en la cama, ya que si IKEA tenía sensores de movimiento podrían arrestarlo y tener que explicar por qué el colchón olía a sudor y perritos calientes no iba a ser tarea fácil. Acomodado en la cama, y riéndose en silencio de lo que había ocurrido, Harvie tuvo una idea, IKEA se había convertido en su lugar de vacaciones.

Cuando despertó a la mañana siguiente, la gente ya había invadido los pasillos y las primeras discusiones por el color de los muebles habían comenzado. Ansioso por continuar con sus nuevas vacaciones, comenzó el día con un copioso desayuno en la cafetería, después pasó la mañana curioseando distintos escenarios y buscando nuevos lugares donde descansar, ahora que veía IKEA desde los ojos de un huésped de hotel, un nuevo mundo de posibilidades se presentaban ante él.

Llegada la hora de comer y cansado de explorar, se dirigió a la cafetería para probar las famosas albóndigas suecas y sus maravillosos postres. Harvie confiesa que “el dinero se vuelve innecesario cuando puedes servirte de la sobras de los demás”.

Una vez satisfecho, se retiró a dormir la siesta bajo un montón de alfombras, mientras las flatulencias provocadas por la salsa de arándanos mantenían lejos a los curiosos. Sus aventuras continuaron durante una noche y un día más.

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Según Harvie, IKEA le pareció un lugar estupendo y piensa darle cinco estrellas en TripAdvisor. La estancia completa fue muy económica, disfrutó de dos lujosas habitaciones de hotel, buffet libre y un ejercito trabajadores de la limpieza para cada una de sus fechorías. Además, tras su aventura se encontraba perfectamente descansando, relajado y listo para volver a casa.

“No necesito más días de descanso después de estas vacaciones, pero una ducha y un cepillado dental no me vendrían nada mal”

Y tú, ¿te animas a visitar este nuevo lugar de vacaciones?

vía: lostateminor.com

Publicado en Miscelánea