Cada niño, como cada adulto, no cabe duda de que es un mundo y cada uno tenemos un ritmo determinado en todo. En torno al crecimiento esto también se cumple. 

Por muy pequeño que haya nacido el bebé, no para de crecer. La energía en su cuerpo está concentrada en eso, en crecer de forma continua, sin prisa pero sin pausa.

No deberíamos ponernos a hacer comparaciones sobre la evolución de nuestro bebé con la evolución del bebé de la vecina aunque todos lo hacemos, algunos más a las claras y otros con más disimulo.

Cada uno tiene unas habilidades más desarrolladas pero no por eso el otro es más torpe o más lento o el nuestro va más adelantado o atrasado, no se trata de eso.

Es cierto por otra parte, que podemos tener en cuenta las conocidas “cuatro leyes del desarrollo” a la hora de valorar en particular cómo se va desarrollando, cómo va evolucionando e incluso “madurando” nuestro bebé.

Teniendo esto en cuenta podemos plantearnos el estímulo, por ejemplo, de los músculos más cercanos al cerebro ya que estos son los primeros que maduran porque son los que permiten que el bebé gire la cabeza y el cuello. 

Esos músculos son los que hacen que mueva la cabeza antes de por ejemplo, aprender a girar su rígida cintura. Si lo piensas, se trata casi casi de ayudarle a mantener al día su curiosidad, algo muy importante. 

Los músculos más grandes suelen dominarlos antes que los músculos pequeños, es la psicomotricidad gruesa, la más básica, la que antes trabajan y por tanto antes dominan, la psicomotricidad fina llega después. 

Primero controlarán el movimiento de sus brazos, después de sus manos y por último de sus dedos. El bebé primero aprende a agarrar y después aprende a soltar, porque primero controla los músculos flexores y después los extensores.

Es indiscutible que por otro lado, la falta de cariño y de cuidados afecta al desarrollo de todos los bebés, tanto desde el punto de vista psicológico como físico así que no se trata sólo de estimularle por estimularle, sino de quererle, achucharle y mimarle todo lo que podamos.

Según estudios realizados por especialistas, los niños criados en un entorno familiar de cariño y cuidados generan mayores niveles de hormonas involucradas en la formación de las relaciones sociales que aquellos que tuvieron la desgracia de crecer en instituciones públicas como orfelinatos. 

Cuando existe contacto físico del menor con su madre en un entorno de respeto, cuidado y ternura, el pequeño aumenta sus niveles hormonales de oxitocina o vasopresina, hormonas esenciales durante los primeros años de vida de cualquier persona para la formación de patrones cerebrales vinculados con el manejo del estrés y las relaciones sociales.

Así que si queremos que nuestros peques crezcan y se desarrollen a su ritmo lo más importante siempre es lo mucho y lo bien que les sepamos demostrar que les queremos, que nos preocupan y que son quizás lo más importante para nosotros. El amor ya sabéis, mueve montañas.

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