En el mundo natural existen especies que mantienen relaciones cercanas y persistentes, las cuales tienen una duración extensa en el tiempo. Esto se da por varios motivos, ya sea porque dependen los unos de los otros para sobrevivir o porque directamente ambas partes sacan beneficio de su unión (mutualismo). Esto es lo que se conoce como relaciones simbióticas, y las hay de muchos tipos.

Un ejemplo que seguramente todos recordaréis gracias a la película de Buscando a Nemo es la que mantienen los peces payaso y las anémonas. El pez payaso tolera el veneno de la anémona y esto le permite anidar y vivir entre sus tentáculos, protegido de depredadores de mayor tamaño que no toleran este veneno. A su vez, el pez payaso protege a la anémona de los peces mariposa que se alimentan de ella, así como de otros pequeños depredadores y de los que no puede defenderse.

En el caso de los cangrejos ermitaños y las anémonas, que es el que nos compete hoy, el cangrejo encuentra protección en los tentáculos urticantes de la anémona, mientras que esta se aprovecha de la movilidad del cangrejo.

De hecho, la relación que mantienen estas dos especies es tan estrecha que cuando un cangrejo ermitaño se muda de concha se lleva las anémonas consigo a la nueva “casa”. Un hecho que rara vez hemos podido presenciar y que, gracias a BlueWorldTV, queremos compartir con todos vosotros. ¡No os lo perdáis porque es impresionante!

Original: BlueWorldTV

Publicado en Animales