La naturaleza es, en muchas ocasiones, salvaje y despiadada. No nos engañemos, pocas veces podemos disfrutar de un momento de relax y de ternura en plena lucha por la supervivencia.

La ley que impera en la selva, bosque o cualquier ecosistema, es la de “comer o ser comido”. Pero tampoco nos alarmemos, ya que en un camino tan cruel como es el de la vida salvaje, aún queda espacio para un cierto tipo de ética. Esta es llevada a cabo por la mayoría de las especies del planeta Tierra.

Este código incluye, entre otras cosas, la norma de no matar a otro ser vivo si no te lo piensas comer. Esta forma de actuar tan aparentemente lógica, los humanos solemos saltárnosla día sí, día también.  Somos el mayor depredador que ha conocido este planeta, y no se trata de una cuestión de tamaño o fuerza. Es sencillamente por nuestra capacidad para destruir nuestro ecosistema sin importarnos lo más mínimo, o hacer daño a otros seres vivos sin motivo aparente.

Una vez más la naturaleza, en su infinita sabiduría, nos da una lección sobre ética que no nos la esperábamos. No os quiero desvelar nada sobre el siguiente vídeo, pero si os comentaré que no es para nada desagradable y que, al final, solo les falta irse de copas juntas.

Fuente: New Atlantis WILD

 

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