Mi profesor de sociologia decía que hay dos formas de remunerar una profesión, una es el dinero y otra el prestigio social. Antiguamente los médicos ganaban dinero y los maestros de escuela pasaban hambre, pero ambas profesiones gozaban de un gran prestigio social entre los habitantes de pueblos y comarcas.

Muchos años han pasado y aunque los sueldos hayan aumentado, el prestigio social de estas profesiones ha decrecido notablemente. Hoy por hoy los profesores se quejan de una gran falta de respeto por parte de padres y alumnos y de la poca autoridad que tienen para hacer frente a casos de bullying y acoso escolar.

Los médicos por su parte, son acusados de negligentes con tanta frecuencia que han comenzado a no asumir riesgos por miedo a ser denunciados. En estos casos siempre pienso en mi choche, una máquina fabricada por el hombre y del que conocemos a la perfección su funcionamiento y estructura, y las visitas al taller.

Por eso, si debo de llevar mi coche al mecánico hasta en tres ocasiones para conseguir que arreglen un ruido del motor, ¿por qué pensamos que un médico debe descubrir nuestra dolencia a la primera cuando el cuerpo humano sigue siendo un completo misterio?

Creo que las personas debemos tener derecho a una buena asistencia sanitaria, algo que no sólo incluye a médicos competentes y bien formados, sino también descansados, con jornadas justas y dispuestos a asumir riesgos en pro de nuestra salud.

Hace unos días un blogger publicó en twiter una fotografía en la que una doctora aparecía durmiendo:

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“Somos concientes de que este trabajo es agotador, pero los médicos están obligados a hacer su trabajo. Hay docenas de pacientes que necesitan atención”.

Muchos fueron los retuits que obtuvo esta imagen y no pocas los mensajes a favor y en contra del colectivo.

No obstante cuando el doctor mexicano Juan Carlos conoció la crítica quiso hacer una confesión utilizando el hashtag #yotambienmedormi.

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El hashtag se comenzó a extender y lo que comenzó como una crítica sirvió como denuncia de las condiciones a las que estos profesionales se ven sometidos.

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Y es que según nos cuentan estos profesionales, los hospitales tienen camas para que los doctores descansen pues con turnos de 36 horas es imposible mantener la calidad sin dormir algunos minutos.

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Muchos doctores no utilizan la cama y caen dormidos y agotados en cualquier lugar del hospital, pero no por desidia sino para poder volver al trabajo rápidamente si el deber llama.

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No sé ustedes, pero yo si no duermo soy incapaz de realizar mi trabajo. No quiero imaginar si tuviera jornadas de 36 horas sin descansar.

Y ustedes, ¿creen que está justificado? ¿Se debería reducir la duración de los turnos de estos profesionales?

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