Los años pasan y todos envejecemos. Poco a poco los que fueron niños, se convierten en padres, y estos en abuelos.

El ciclo de la vida, la historia interminable; una cadena de lazos familiares y saberes compartidos que perdurarán en el tiempo. La única forma que existe de “vivir para siempre”.

Sin embargo, durante este largo camino, solemos olvidar quién fuimos muy exigentes con quienes nos preceden. Y hasta que no alcanzamos el siguiente estadio, no pensamos aquello de… “cuánta razón tenía mi madre”.

Por ello, una mujer madura, cerca de la tercera edad, ha escrito una emotiva carta a su hija para hablarle sobre el envejecimiento y transmitirle algunas perlas de sabiduría y paciencia. Un mensaje lleno de amor y comprensión, que ha inspirado a miles de personas en el mundo.

 

Mi querida niña,

El día que veas que me estoy haciendo vieja, te pido que por favor seas paciente, pero sobre todo, intenta entender por lo que estoy pasando. Si cuando charlemos repito mil veces lo mismo, no me interrumpas para decir: “Acabas de decir lo misma cosa hace un minuto”… Sólo escucha, por favor. Trata de recordar todos los momentos en que eras pequeña y te leía la misma historia noche tras noche hasta caer dormida.

Cuando no quiera tomar un baño, no te enfadesy me avergüences. ¿Recuerdas cuando solo eras una niña, y después de poner mil excusas, tenía que correr tras de ti para conseguir que te ducharas?

Cuando veas lo ignorante que soy cuando se trata de nuevas tecnologías, dame tiempo para aprender, y no me mires de esa manera… recuerda, cariño, como pacientemente te fui enseñado a hacer muchas cosas, como a comer adecuadamente, vestirte, peinarte y sobre todo, hacer frente a los problemas de la vida, todos los días… El día que veas que me estoy haciendo vieja, te pido que por favorseas paciente, pero sobre todo, trates de entender lo que estoy pasando.

Si de vez en cuando pierdo la noción de lo que estamos hablando, dame tiempo para recordar, y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante. Sólo tienes que saber de corazón, que lo más importante para mí, es estar contigo.

Y cuando mis viejas piernas cansadas no me dejen moverme tan rápido como antes, dame tu mano de la misma manera que yo te ofrecí la mía en tus primeros pasos. Cuando esos días lleguen, no te sientas triste… simplemente permanece conmigo y compréndeme con amor, mientras llego al final de mi vida.

Te querré y agradeceré el tiempo y la alegría que hayamos compartido. Con ungran sonrisa y el enorme amor que siempre he sentido por ti, sólo quiero decirte, “te quiero… mi queridísima hija”.

Fuente: Wimp.com

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