Hay dos cosas que extraño más de la Tierra. La comida es una. En Fobos parece que mis papilas estuvieran de adorno. Son inútiles. Pero no es culpa de ellas, la culpa es de la interacción gravitatoria. No es lo suficientemente fuerte para atraer los fluidos hacia abajo lo que hace que los senos paranasales se obstruyan como si uno siempre estuviera resfriado.

Este problema se pudo resolver en suelo marciano, pero no para los que salimos a explorar al exterior con un martillo y una mochila. Figurativamente claro; en realidad, tengo más que eso. También tengo un libro de bolsillo que dice “Aprenda a cocinar en gravedad cero”. Un mal chiste doble de mi mejor amigo. La cocina y la gravedad cero. Cómo odio ese término: “Gravedad cero”.

Lo otro que extraño son las navidades. No son lo mismo en Marte por más que la sincronicen con la Tierra y por más que mis colegas marcianos se esfuercen en transformar exageradamente los domos con falsos motivos navideños. Me han dicho que las navidades son mejor en Titán, a ellos les llegan muchos más suministros y hasta decoraciones verdaderas, aunque nunca he estado allí.

En Marte se esfuerzan por no hacer regalos, pero siempre está (normalmente es alguien nuevo) quien en Nochebuena aparece con una roca en forma de cabeza de tiranosaurio o en forma de pirámide y echa todo a perder. Debería haber una norma que diga: “Queda prohibida la entrega de cualquier regalo” no solo para no hacer sentir mal al resto, sino porque no hay con qué envolverlos. No es que extrañe los regalos que solía recibir cuando estaba en la Tierra. En realidad extraño el papel de regalo. Su olor me estremecía el cerebro. Algunos niños sienten esto con la gasolina. Yo lo sentía con el papel de regalo. Y cada vez que veo un regalo aquí en Marte y sin envoltura, me da mucha nostalgia.

Por eso decidí tomar la misión a Fobos este año. Porque las misiones a Fobos son individuales y porque solamente ver el monolito desde la ventana de esta diminuta base me recuerda que siempre van a haber cosas que por más que queramos, nunca podremos envolver. 

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