Una niña llama “viejo” a un anciano, lo que pasa después es una de las historias más bonitas del año

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por Kike Pérez
el 03/11/2016 en Varios

La escritora y madre de 7 hijos Tara Woods ha compartido en internet una conmovedora historia acerca de la amistad surgida entre un anciano y su pequeña hija de 4 años.

La relación nació fruto de la causalidad y la inocencia de la pequeña, pero desde entonces ha cambiado la vida de los protagonistas. Esta es su historia.

Un regalo de cumpleaños muy especial

“El día antes de que mi hija Norah cumpliera cuatro años se presagiaba interesante.

La había recogido de preescolar, cuando me advirtió que una persona vieja caminaba a través del aparcamiento a la velocidad de un glaciar. Ella continuó explicando que siente debilidad por las personas mayores: Me gustan los viejos, porque caminan lento como yo camino lento y tienen la piel suave como yo tengo la piel suave. Todos ellos van a morir pronto, así que voy a darles mi amor antes de que mueran.

Adorable, aunque algo oscura al final ¿verdad? Aún así me encantó su buen corazón. Me llamó la atención su delicadeza y comprensión hacia los mayores, por lo que compartí su reflexión en Facebook. No tenía ni idea de que lo decía tan enserio“.

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“Al día siguiente -en su cumpleaños- de nuevo de regreso a casa, Norah me preguntó si podíamos parar en el supermercado para comprar unos pastelillos para que ella y sus seis hermanos disfrutaran después de la cena. ¿Comó decirle que “no” en su cumpleaños?

Subí a Norah y a su hermana pequeña en un monstruoso carro de la compra, de esos que imitan a un coche, y me dirigí a la panadería. Tras coger unos pasteles, me detuve en el estante de ofertas a ver que había.

Mientras andaba distraída con unas botellas de aderezo y latas de comida, Norah se puso de pie en el carro agitando su mano alegremente y gritando: ‘¡hola viejo, hoy es mi cumplefaños!’

El hombre, que realmente era un anciano con cara ajada y ceño fruncido, miró. Sin embargo, antes de que pudiera pedirle a Norah que se callara por haberle llamado ‘viejo’, o desear que la tierra me tragara, él se detuvo y se giró hacia ella.

Si estaba ofendido por el escaso filtro de mi hija, no lo demostró. Su expresión se suavizó cuando le respondió: ‘hola pequeña señorita, ¿cuantos años cumples hoy?’.

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“Charlaron unos minutos. Él le deseó ‘Feliz cumpleaños‘ y nos marchamos siguiendo caminos separados. Sin embargo, mi hija me hizo volver.

Encontré al hombre un par de pasillos más adelante y me acerqué a él. ‘Discúlpeme señor, se trata de Norah, ¿le gustaría saber si estaría dispuesto a hacerse una foto con ella por su cumpleaños?’

Su expresión se fue transformando rápidamente de aturdida y confusa a encantada. Dio un paso atrás, se apoyó sobre su carrito de la compra y puso la mano libre sobre su pecho. ‘¿Una fotografía?, ¿comingo?’, preguntó.

‘¡Sí, sí, para mi cumpleaños!’, soltó Norah. Y así lo hizo. Saque mi iPhone y posaron juntos. Ella colocó su suave mano sobre la piel suave del señor. Sin mediar palabra y con los ojos brillantes, Norah mantuvo su mano unida a la del anciano, mientras estudiaba sus delgadas venas y los nudillos gastados. Le besó el dorso de la mano y él luego le acarició la mejilla. Le pregunté su nombre y nos dijo que se llamaba Dan”.

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“Estábamos bloqueando a otros compradores, pero a nadie le importó. Había sucedido algo mágico en la tienda de comestibles y todos allí podían sentirlo. Norah y el Sr. Dan seguro que no se dieron ni cuenta, pues charlaban entre ellos como dos amigos perdidos que acababan de encontrarse”.

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“Di las gracias al Sr. Dan por haber dedicado con nosotros unos minutos de su tiempo. Sus ojos se llenaron de lágrimas y dijo: ‘No, gracias a vosotras. Este ha sido el mejor día que he tenido en mucho tiempo. Me has hecho muy feliz señorita Norah’.

Se abrazaron de nuevo y se alejó. Norah lo observó hasta qu desapareció de vista.

Estaría mintiendo si no reconociera que se me saltaron las lágrimas con este encuentro. Me quedé impresionada y quise que mis lectores de Facebook supieran sobre lo ocurrido. También publiqué la foto de ambos”.

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“Esa misma noche recibí un mensaje privado de un lector local que casualmente conocía al Sr. Dan y había hablado con él.

Me contó que María, su esposa, había fallecido en marzo y que él estaba solo desde que se había ido. Quería hacerme saber que mi pequeña le había tocado el corazón. Que verdaderamente lo necesitaba y que nunca lo olvidaría.

Yo le pedí su número de teléfono y le llamé unos días más tarde”.

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“Pasados unos días visitamos la ordenada casa del Sr. Dan, donde los recordatorios de su esposa, María, se mantienen expuestos con mucho orgullo por todos lados. Dan se había cortado el pelo, afeitado y llevaba pantalones y zapatos de vestir. Parecía 10 años más joven.

Había preparado una mesa con papel blanco y lápices de colores para Norah. Le preguntó también si le importaba que le hiciera unas fotos para poner en la nevera. Ella aceptó feliz y el fue a por la cámara.

Pasamos casi tres horas con el Sr. Dan ese día. Fue muy amable y paciente con mi muy habladora e inquieta niña. Le limpió el ketchup de la mejilla mientras comía sus nuggets de pollo.

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“Cuando nos acompañó a la puerta de su casa, después del almuerzo, se detuvo y sacó una navaja de del bolsillo para recortar una rosa roja que había florecido. Paso diez minutos eliminando todas las espinas del tallo, antes de entregársela a su nueva amiga.

Ella la mantuvo como un tesoro hasta que se marchitó y, ahora, como un hueso seco, descansa dentro de una bolsa ziploc bajo su almohada”.

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“Norah pregunta por el Sr. Dan todos los días. Se preocupa por él. Se cuestiona si se sentirá solo, si tendrá frío o queso para los sandwiches. Ella quiere que él esté bien. Quiere que se sienta querido.

El Sr. Dan piensa en Norah también. Después de una visita reciente, nos contó que no había logrado dormir de seguido ni una noche desde que su esposa murió. Pero ahora, desde que conoció a Norah, ha logrado dormir profundamente.

‘Norah me ha sanado’, dijo. Yo me quede sin palabras y con las mejillas llenas de lágrimas”.

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“Setenta y ocho años separan a estos dos amigos. Y, de algún modo, sus corazones y almas, parecen conocerse desde hace mucho tiempo.

Norah y yo hemos hecho una promesa: ver al Sr. Dan todas las semanas, incluso si es solo un cuarto de hora, aunque solo sea para darle un abrazo rápido o dejarle un poco de queso danés (su favorito)”.

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“Yo le he invitado a pasar Acción de Gracias con nosotros; ahora es parte de nuestra familia. Le guste o no, ha sido absorbido en mi familia de 9 miembros y, como dijo Norah, ‘vamos a quererlo con todas nuestras fuerzas’.

A veces hablar con extraños puede crear un sin fin de nuevos y bellos comienzos.

Dale una oportunidad”.

No es de extrañar que la conmovedora amistad entre Norah y el Sr.Dan esté tocando los corazones de medio mundo. Ojalá muchas nuevas amistades nazcan inspirados por su historia.

Fuente: littlethings.com

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