En ocasiones la sociedad puede ser agotadora. Cumplir con las normas de socialización, llamar, hablar durante horas o salir con unos y con otros. Con los años es más difícil escaparse de todas estas cosas, pero como niños podíamos desaparecer durante horas en el caos de la habitación o en el jardín sin que nada importara. Aunque incluso a esa tierna edad, ya había quien podía calificarnos como ‘antisocial’.

Que te tachen de antisocial lleva consigo unas características de las que muchas veces no somos conscientes. A veces no nos damos cuenta de que estamos sufriendo una ‘resaca introvertida’. Resaca como consecuencia de una situación de alta actividad que la precede.

Este término puede resultar desconocido, pero cuando vemos de qué se trata puede llegar a ser muy fácil identificarse con él. ¿O no haces tú lo mismo?

Resaca introvertida, un estado más común de lo que parece

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Aunque nos encanten las fiestas, y vayamos a ellas, a veces puedes verte yendo al baño solo para tener unos momentos de tranquilidad. ¿Verdad? Poder tomar aire y respirar del agobio que producen las masas de gente.

No hacer planes dos días seguidos porque te resulte abrumador ver a la gente tan de seguido, es también un síntoma de esta resaca introvertida. Puede que estuvieras sintiéndote como un bicho raro, pero esto es más común de lo que crees.

La descripción justa de este término es la siguiente: “los introvertidos tienen menos cantidad de energía disponible para hacer vida social, en comparación con los más extrovertidos“.

Los más introvertidos

El problema viene cuando vamos más allá de esas reservas, llegando a un punto de inflexión en el que pasamos de estar normal a no estar a gusto.  Nos encerramos en nosotros mismos por la sobreexposición social que hemos tenido.

Teniendo en cuenta que las personas introvertidas tienen una gran cantidad de actividad neuronal en el Sistema de Activación Reticular (RAS), hace que sean muy sensibles a los estímulos externos, mientras que las personas extrovertidas experimentan todo lo contrario.

Esto significa que las personas introvertidas pueden sentirse estimuladas en situaciones cotidianas, por lo que surgiría la necesidad de escabullirse.

Además, aquellos que son altamente sensibles son más propensos a sufrir de ansiedad y depresión. Para obtener una ‘cura’ la mejor opción es la soledad, sin que haya que sentirse mal por ello ya que es perfectamente normal.

Fuente: Metro

Publicado en Salud