Fue un lector de mi blog Cisne Negro el que me metió en Katatonia, aunque muchos años anes ya había escuchado algunas canciones sueltas en los cds de la revista Hell Awaits. Recordaba una del disco Last Fair Deal Gone Down, que me llevó a un disco que me enamoró. Y como ése, la tríada que he llegado a amar, que consiste en el mencionado álbum, Viva Emptiness y The Great Cold Distance. Cuando salió Night Is The New Day ya era un fervoroso convertido a su culto, pero ese trabajo me decepcionó bastante. A pesar de seguir, más o menos, en la línea del anterior, no tenía la garra, la fuerza, o al menos, la creación de ese ambiente mágico de los anteriores. Tiene un par de buenas canciones (que ahora recuerde, Forsaker y Idle Blood, por lo menos). Cuando salió Dead End Kings le di una escucha rápida y me pareció que la cosa iba a peor, y con la misma facilidad con la que me había convertido en fanático, me olvidé de Katatonia.

Pero reescuchando los discos anteriores, en Deezer le di una oportunidad a lo que la banda había hecho últimamente, que no es poco. En 2013, la discográfica les sacó un recopilatorio genérico titulado Introducing Katatonia, como ha hecho con muchas otras bandas de su sello, que se caracterizan por ir de lo más nuevo hacia atrás en el tiempo. Ahí nada sorprendente, simplemente una oportunidad para echar una ojeada rápida a la carrera del grupo.

Una de las cosas que ha hecho el grupo estos últimos años ha sido remasterizar algunos de sus discos en ocasión de sus correspondientes aniversarios. Entre ellos, destaca la versión del décimo aniversario de Viva Emptiness, el que quizá es el más valorado de sus trabajos entre sus fans. Los cambios son, en general, bastante sutiles. Escuchar la nueva versión de Viva Emptiness es parecido a hacerlo con las ediciones remasterizadas de los Beatles de hace unos años: en esa ocasión, se comparó a entrar en una habitación que conoces, pero con los muebles ligeramente cambiados de sitio. En Viva Emptiness la remasterización se ocupa de añadir algunos teclados en canciones como Omertá o rebalancear las voces en algunas otras pistas. Sin embargo, para mí lo mejor de esta edición consiste en la inclusión de una nueva pista, Wait Outside, que incomprensiblemente quedó fuera en la primera edición; y en añadir letras a la canción final Inside the City of Glass. A todos nos parece una obra maestra y un colofón de lujo para el disco, ¡pero es que con letra es aún mejor! En general, esta nueva edición, a no ser que seas un fanático puntilloso, viene a mejorar lo que parecía inmejorable.

Luego está el mencionado Dead End Kings. Es verdad que lo despaché muy rápidamente, pero en Rateyourmusic (una de mis páginas de cabecera) muchas de sus críticas insistían en que era un grower, es decir, un álbum que no entra a la primera, y que hace falta darle tiempo para crecer y encontrar sus matices. Y es verdad, tras un par de escuchas, uno empieza a encontrarle méritos (The One You Are Looking For Is Not Here o Dead Letters) que no había apreciado antes. Aún más si luego compara versiones con lo que sería su siguiente obra.

Tras Dead End Kings, el grupo sueco despachó una versión acústica del mismo álbum: Dethroned and Uncrowned. Un experimento que despojaba de la contundencia de las guitarras pesadas y arrojaba otra visión de las mismas canciones, una por una. La verdad es que Dead End Kings y Dethroned and Uncrowned forman parte de un díptico que debería haberse editado junto. Son dos álbumes gemelos y quizá el hecho de sacarlos por separado les perjudica más que beneficiarles. No son discos redondos: más bien creo que la fórmula ideal hubiera sido una mezcla de ambos, puesto que hay canciones que ganan en un territorio más acústico (The Racing Heart, Ambitions), y otros que necesitan de la dureza de la batería y las guitarras (Hypnone).

Quizá la mejor destilación de estos discos, especialmente de segundo, se encuentra en la selección de canciones que se hicieron para su directo Sanctitude (2015): un maravilloso concierto grabado en el Union Chapel de Londres, un entorno fascinante (“un marco incomparable”, dirían los malos periodistas) para grabar un set acústico que resumiera de manera genial lo que es actualmente Katatonia. No puedo ser imparcial con este disco, porque me parece una absoluta obra maestra: tengo el blu-ray, el dvd y el cd de audio, y lo he escuchado hasta la saciedad desde hace medio año y sigo machacándolo cotidianamente. No es que los cortes acústicos del Dethroned and Uncrowned suenen bien, es que los sencillos arreglos de guitarras para canciones de su repertorio clásico como In the White, Teargas, Tonight’s Decision o Evidence, o incluso la recuperación de un clásico de su primera época como Day, hacen que se conviertan en canciones nuevas que no envidian nada a las originales. Un ambiente melancólico y embrujador hacen de Sanctitude el mejor directo acústico, creo yo, desde el Unplugged de Nirvana.

Y de estam manera llegamos a su último trabajo, presentado este mismo año: The Fall of Hearts, un disco que navega en las mismas aguas que los anteriores. Katatonia ha ido puliendo y suavizando su música, y ha encontrado su comodidad en este metal melancólico que no me atrevo a etiquetar de nadas más. Takeover es un arranque fantástico con toques progresivos que no veíamos desde TGCD, y poco a poco el grupo desgrana canciones soberbias como Old Heart Falls (la mejor del disco, a mi parecer), o su continuación natural, Decima. The Fall of Hearts termina siendo un disco muy sólido, que no desmerece a los discos anteriores y, afortunadamente, sube el listón de la banda.

Con todas estas audiciones, he recordado por qué Katatonia es uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos, y por qué a veces, tras un descanso, es bueno volver a ellos y dejarse llevar por la melancolía de sus notas.

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