Tantas corrientes en un río,

Secretas y desapercibidas aclaran a través de las ramas

Y se apresuran para presenciar un paisaje contaminado,

Con poco rastro de un mejor pasado.

Lo que queda, flota en remolinos, en cadáveres y fauna distanciada,

Sumergida en chiste de antaño, mal intencionado,

Una boca de atentado.

Y así, el terror desarrolla un nado de máquina-pez,

Sin río y sin aguas, es un charco de sangre que llora sincero, en tierra estéril.

No hay río arriba cielo, ni río abajo infierno,

Ni nadadores terrenales.

Publicado en Relatos