Una parte de su ser quedó impregnada en aquellos dos seres conscientes, hijos de las plantas, quienes transmitieron su esencia en la semilla que floreció en generaciones posteriores. Este fruto adquirió el conocimiento de doce mil quinientos setenta y cuatro millones de años más la sabiduría ancestral de los Khipu, que tuvo poder suficiente para influir en Yehero.

Esta fusión genera un universo consciente que controla todas las fuerzas de la naturaleza y las partículas elementales que conforman el universo XVII. Todas las probabilidades y posibilidades paralelas como opciones reales y no meramente virtuales.

El tiempo nuevamente pierde su sentido, no hay un presente un pasado ni un futuro, solo el único estado que comprende todo lo existente. Pero en ésta como en las infinitas posibilidades en las que todo sucede, con sutiles y bastas variaciones, la entidad llamada Yehero o el mismo universo, no se entregará a la perpetua armonía estática de la ilusión del tiempo y el espacio.

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