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18 mentiras que te cuenta tu cerebro y es probable que te ocurran. Ponle remedio a tiempo

La mente es una sucia mentirosa. Es así, literalmente. Según los expertos  existen al menos 188 distorsiones o sesgos cognitivos, maneras erróneas que tiene nuestro cerebro de procesar la información, engañándonos y generando consecuencias negativas. 

Todos los presentamos con más frecuencia de la que creemos. Es por eso que identificarlos es vital para tener una visión más realista y positiva de la vida. Estos son los más importantes y curiosos.

Personalización

Sucede cuando te consideras absoluto responsable de un acontecimiento en el que no has participado o sobre el que no tienes ningún control. 

– Luis suspende un examen porque no ha querido estudiar y su madre cree que ha fracasado porque ha cometido algún error en su educación. 
– Juan muere y tu te sientes responsable porque no fuiste a despedirlo y así lo habrías evitado. 
– Ángela tiene mala cara, seguro que está enfadada conmigo. 

Sobregeneralización

A raíz de un hecho aislado realizamos un generalización negativa para el conjunto. 

– Pedro no me ha escrito, la gente siempre se olvida de mi, nunca encontraré a nadie…

Abstracción selectiva

Focalizamos la atención solo en lo negativo, excluyendo las cosas positivas que también han sucedido. Es algo así como recrearse en el dolor. 

– Ejecutas a al perfección una receta complicada pero al final cometes el error de añadir demasiada sal, y por ello te consideras un terrible cocinero”.

Inferencia arbitraria

Extraemos conclusiones precipitadas basándonos en información incompleta o errónea. Hay dos tipos:

  • Lectura de pensamiento: Presuponer que sabemos lo que otros están pensando sobre algo y tomar nuestras decisiones en base ello. 

– Voy a dejar de bailar porque están pensando que hago el ridículo.

  • Adivinación de futuro: Esperamos que las cosas salgan mal  y las rechazamos sin esperar resultados neutros o positivos. 

– No voy a ir a la entrevista de trabajo porque sé que no me van a seleccionar.

Sesgo confirmatorio

Interpretamos al realidad conforme a nuestras creencias e ideas previas, solo para otorgarnos la razón. 

– No logré completar el examen, si es que ya sabía yo q no servía para esto.

Maximización y minimización 

Magnificamos nuestros propios errores o los éxitos de otros, mientras que tendemos a minimizar nuestros éxitos y errores ajenos.

Falacia de la recompensa divina

Esta es una de mis preferidas ya que cientos de personas caen en ella motivadas por creencias religiosas. Es la idea de que algo se arreglará por si solo sin hacer nada por remediarlo. 

– No encuentro trabajo, pero si soy paciente Dios proveerá. 
– Mi jefe es horrible, pero el tiempo pone a cada uno a su lugar.

Razonamiento emocional

Creer que nuestras emociones corresponden con la realidad de las cosas. Es decir, si nos sentimos irritados, es que alguien hizo algo para enfadarnos. 

– Me siento triste, luego mi vida da pena.

Efecto Ikea

Es la tendencia de valorar algo de forma desproporcionada solo por haberlo construido uno mismo, aunque sea parcialmente.  

Etiquetación

Usar etiquetas negativas para describir a alguien en vez de analizar el hecho ocurrido. 

-“Soy un patán”, en vez de “He cometido un error por trabajar a prisa”. 

La falacia del jugador

Negar las leyes de la probabilidad solo por creernos posibles ganadores de la lotería o un concurso.

Razonamiento inflexible 

Es una forma de razonamiento negativo basado en la rigidez de nuestras creencias. Al usar expresiones como “debería o “tengo que” aumentamos la autocrítica hacia uno mismo y la rabia, ira y agresividad hacia otros. 

– Debería haber sido más atenta con mi novio y no me habría dejado.
– Tengo que gustar a todos si quiero ser feliz. 
– Los demás deberían ser amables si quieren venir a mi fiesta.
– Mis empleados tienen que aceptar el recorte o sufrir las consecuencias.

Efecto Google o amnesia digital

El cerebro tiende a olvidar la información que puede ser fácil conseguir en google o internet.

Pensamiento polarizado 

Valorar las cosas de forma extrema sin tener en cuenta la escala de grises que rodea un hecho. Por ejemplo: 

– Si el proyecto no sale perfecto nada habrá valido la pena, quedaré como un completo inútil.

En este tipo de sesgo solemos usar con frecuencia postulados con términos extremos como “siempre”, “nunca”, “todo” o “nada”.

¿Cómo escapar de estas distorsiones cognitivas?

La única forma de escapar de estos sesgos es lograr identificarlos para, a través del razonamiento lógico, desarmar las mentiras que nuestro cerebro nos cuenta. Así, reconduciremos nuestro pensamiento hacia resultados más positivos y reconfortantes, eliminando el estrés y la ansiedad que nosotros mismos provocamos. 

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