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7 mitos que siempre hemos creído sobre el agua del grifo

Tenemos claro que hay que hidratarse. Los expertos aconsejan beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día para suplir la pérdida que desechamos cada día, aunque la cantidad exacta depende de muchos factores que van desde la edad y el peso corporal hasta el lugar donde vivimos.

Lo que no tenemos tan claro es qué agua beber. En este sentido nos organizamos como con los equipos de fútbol: ¿tú de que eres? ¿de agua del grifo o de botella? Parece que tienes que elegir. Y de hecho, muchos lo hacen de forma ferviente, defendiendo su opción a capa y espada.

En este sentido el agua del grifo casi siempre ha salido perdiendo en términos de salubridad. Estamos de acuerdo en que es más ecológico y más barato consumir agua pública, pero nos fiamos poco de la calidad de la misma y tememos que pueda perjudicar nuestra salud.

Hoy vamos a hablar de algunos mitos sobre el agua de grifo para que tomes una decisión formada en hechos reales y no en leyendas.

Hay que deja que el cloro se evapore

El cloro es un potente desinfectante del agua y lo bueno es que, en dosis bajas -como las que se utilizan para depurar el agua potable-, es inocuo para nuestra salud. Por eso, no tienes nada que temer. Lo que sí puede ocurrir es que algunas personas perciban mucho su sabor y les resulte desagradable. En este caso, se recomienda dejar el agua en una jarra durante una ahora aproximadamente para que el cloro se evapore. En cualquier caso, es por una cuestión de gusto y no de salud.

Le echan lejía al agua

Quizá todo sería más interesante

Este es uno de los bulos más extendidos. Ese “olor a lejía” que a veces nota la gente se debe a la presencia de cloro, y puede acentuarse debido a las altas temperaturas, pero no porque tenga más concentración.

El agua del grifo tiene mucho calcio y puede provocar problemas de riñón

Según los estudios, las piedras en el riñón son más determinantes por causas genéticas que por nuestro consumo. De hecho, la OMS afirma que el calcio ingerido por vía oral no se absorbe en adultos. No le tengas miedo, las cantidades existentes en el agua potable son inocuas y no van a crearte piedras en el riñón.

Lo que sí puede ocurrir es que se generen depósitos que dañen las tuberías, los grifos o los electrodomésticos, pero nuestro organismo está preparado para lidiar con ello.

Es conveniente filtrarla

Los filtros se utilizan para eliminar parte de los minerales que trae consigo el agua del grifo y que varían en su cantidad de unas zonas a otras. Por ejemplo, en la costa, el agua del grifo suele tener más cal, lo que puede afectar al sabor y, sobre todo, a los utensilios y electrodomésticos de cocina. Sin embargo, no entraña un riesgo para la salud, y en zonas como Madrid donde la cantidad de cal es mínima son más una pérdida de dinero que otra cosa.

Tiene trazas de medicamentos

En los núcleos urbanos se ha comprobado que el agua de los desagües contiene medicamentos porque es donde se vierten desechos orgánicos como la orina. Estas aguas residuales no pasan por el sistema de captación, sino que van a depuradoras donde son sometidas a tratamientos adecuados. En los raros casos en los que se han encontrado medicamentos en la red de agua potable, se ha debido a vertidos irregulares en la zona de captación.

El agua del grifo no es salubre

Bebe sin miedo

Sí lo es y el sistema están pensado para garantizarlo. Los aditivos que se añaden, como el cloro, son efectivos en las cantidades recomendadas, y el agua pasa por varios filtros antes de llegar a nuestro grifos.

Le echan flúor

Esta práctica es habitual en otros países, pero en España se da solo en algunas zonas. El tratamiento de aguas con flúor es muy caro y hoy en día, con la preocupación por el cuidado dental existente, es completamente innecesario.

Fuente: El Diario y OCU.

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