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8 mitos sobre las grasas que debes dejar de creer

Durante años, se ha demonizado el consumo de grasas y su presencia en nuestros cuerpos como si fuesen el enemigo público número uno.

Instituciones y medios de comunicación han hecho campaña para animar a alejarlas de nuestra alimentación y de nuestras vidas en general, lo que ha ocasionado que se generen algunos mensajes sobre ellas que no son del todo ciertos.

Hoy queremos ayudar a desmentir 8 mitos sobre las grasas que siempre hemos creído pero que se alejan bastante de la realidad:

Tu grasa corporal depende de lo que comas

Cierto pero inexacto. Es evidente que si consumimos mucha grasa, más podemos acumular; pero el funcionamiento del metabolismo no es tan simple. Por ejemplo, una dieta baja en grasas pero con un consumo elevado de hidratos de carbono puede hacer que se genere gran cantidad de tejido adiposo. Y lo más importante, nuestra genética juega un papel determinante en todo este proceso.

Si es crudo, puedo consumir todo el aceite que quiera

Aunque someter a los aceites vegetales al proceso de cocción altera su composición y los hace “menos saludables”, lo cierto es que el aceite crudo no es mucho más ligero. Aporta una gran cantidad de calorías y puede acabar perjudicando nuestra salud si abusamos de él.

Si no tiene grasa no engorda

La ausencia de grasa no implica ausencia de calorías. Existen muchos alimentos que se venden como light bajo la premisa de que no engordan o ayudan a adelgazar, y en realidad aportan las mismas calorías que otros alimentos menos procesados.

En general, cuando la industria alimentaria le quita grasa a un producto, le añade azúcar; y cuando le quitan azúcar, le añade grasa.

Cuanta menos grasa, mejor

Una dieta con un 0% de grasa nunca va a ser saludable, principalmente porque nuestro cuerpo la necesita para funcionar. En concreto, un 30% de la energía generada por nuestro organismo debe proceder de ellas.

Además, la grasa ayuda a absorber algunas vitaminas como la A, la D, la E y la K, y también participa en el proceso de creación de determinadas hormonas.

Por lo tanto, debemos reducirlas, pero no eliminarlas de nuestra dieta. Si lo hiciésemos, muchos otros mecanismos de nuestro cuerpo podrían empezar a fallar.

Los fritos son el demonio

Hay que moderar el consumo de alimentos fritos porque aportan mucha más energía que los cocidos u horneados. Sin embargo, eso no significa que haya que eliminarlos de la dieta ni que sean malos, aunque sí hay que cuidar la calidad del aceite y la forma de usarlo.

Como curiosidad, deberías saber que los alimentos fritos conservan más nutrientes que los hervidos.

Puedes hincharte de grasas poliinsaturadas como el omega-3 y el omega-6 porque son buenas

Las conocidas como “grasas buenas” pueden no ser tan buenas si las consumimos en exceso. De ese 30% que hablábamos al principio, se recomienda que solo un 10% provenga de grasas poliinsaturadas, así que tampoco hace falta que abuses del salmón y la chía como si fuesen a salvarte la vida.

La grasa vegetal no puede hacerte daño

A veces, tendemos a pensar que todo lo vegetal es sano, pero no siempre es así. Existen muchos aceites de origen vegetal altamente refinados y presentes en muchos alimentos de supermercado. Su consumo no es precisamente saludable si se abusa de ellos y lo peor de todo es que son difíciles de identificar puesto que en los ingredientes aparecen como “aceites vegetales” sin más. Algunos ejemplos son el aceite de coco o el de palma.

La margarina es mejor que la mantequilla

Las margarinas se elaboran con aceites vegetales, generalmente con grasas poliinstauradas. Sin embargo, para lograr su consistencia se deben someter a procesos de hidrogenación que producen los temidos ácidos grasos trans.

Busca los productos que no contengan grasas hidrogenadas y acuérdate de que lo vegetal no es necesariamente inofensivo.

Fuente: Cuerpo y Mente

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