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¿Adivinas cuál fue la utilidad original de los gorros con pompón y cómo surgió la raya del pantalón?

Cada día, usamos cientos de objetos, prendas e inventos sin saber cuál fue su utilidad original. Y es que todo tiene su razón de ser, hasta los pompones de los sombreros. No te lo pierdas.

Un pompón para el chichón

Los primeros en incluir un pompón en su gorro fueron los marineros de la marina francesa, poco después de que uno de sus soldados sufriera un aparatoso accidente.

En 1858, durante la visita de la emperatriz Eugenia en un barco amarrado en el arsenal de Brest, una ola azotó violentamente la nave y, como resultado, un marinero que le acompañaba se golpeó la cabeza violentamente con el techo al pasar de una estancia a otra. La emperatriz ofreció su pañuelo a modo de apósito y éste quedó completamente empapado en sangre.

Los superiores le informaron que, debido a lo angosto de los pasillos de las naves y la acción del mar, este tipo de accidente no era extraño. Sin embargo, la soberana quedó preocupada y solicitó al ejército que buscara algún tipo de solución. 

En conmemoración a lo ocurrido y para evitar nuevos accidentes, se decidió incluir una borla de color rojo sobre el gorro de los marineros franceses. Pese a ser el uniforme de color blanco y azul, se eligió el color rojo, como guiño al pañuelo teñido en sangre de la emperatriz.

A pesar de ser los primeros, los franceses no son los únicos marineros en incluir el pompón en sus gorros, convirtiéndose en un adorno típico en empleos o deportes en los que se debe proteger la cabeza. Y es que más vale borla en gorra que un buen coscorrón. 

El tafetán de color oscuro

Siguiendo con los marineros, muchos uniformes incluyen también el tafetán, una especie de sobre tela de color oscuro alrededor de cuello. 

Esta prenda -que originalmente era un simple pañuelo negro- es también muy común en los uniformes marineros y cumple, o cumplía, una doble función. 

Era de color negro para proteger la camisa blanca de las manchas de grasa de su pelo, ya que para que este no se moviera con el viento, lo engrasaban. La segunda utilidad tiene que ver con su forma, alargada sobre los hombros, para poder usarlo de embudo alrededor de las orejas y aumentar el sonido en cubierta.

Para lidiar con el viento y escuchar al capitán, los marineros levantaban el tafetán por detrás de la cabeza, sujetando la tela para hacer efecto de embudo haciendo que el sonido no se escape, tal y como hacemos cuando situamos una mano en la oreja o usamos la capucha en un día de lluvia y viento. De esta forma, el viento tampoco impacta directamente con las orejas y se reduce el ruido.

Para un soldado, la diferencia entre escuchar o no las ordenes en cubierta, puede suponer la vida o la muerte y por eso el ejército dedicó una prenda del vestuario para ello. 

Hoy día su uso es menos frecuente, ya que los walkie-talkie -de mano o de cascos- resuelven totalmente el problema de comunicación. 

La raya del pantalón 

Hoy es un signo de distinción y un elemento típico de todo pantalón de vestir, pero ¿quién lo diseñó? La respuesta es nadie. 










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La raya del pantalón no surgió como un elemento de utilidad, solo fue consecuencia inevitable de las políticas de almacenamiento y transporte y la casualidad. 

Tras ser fabricados, los pantalones eran almacenados unos sobre otros y estas rayas se marcaban irremediablemente sobre tan fino y delicado tejido. Para eliminarlas, los pantalones debían plancharse con esmero tras su compra. 

Los hombres de la época era muy cuidadosos con su estilo y todos llevaban el pantalón sin arrugas. Sin embargo, durante una cena de gala, el rey Eduardo VIII puso sin querer la raya del patalón de moda. 

Tras mancharse, el monarca acudió a la tienda más cercana a comprar unos. Sin tiempo para encargar que los plancharán, tuvo que vestirlos directamente y con las rayas. Obviamente el monarca nunca se equivocaba y estas rayas no podían ser por dejadez o torpeza, por lo que los hombres lo tomaron como una nueva moda a imitar y desde entonces adornan nuestros pantalones de vestir. 

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