Por: Sara de Abreu

Tengo una amiga, que le dijo al amigo de mi mejor amigo; que se sentía extremadamente bella. El amigo de mi mejor amigo se lo comentó a la mejor amiga de su amigo. Esa soy yo, empapada del asunto, porque se supone que yo soy la mejor amiga de mi mejor amigo. ¡En fin! Mi amiga se sentía bella porque ya había crecido, ya no era la misma “flacuchenta” de siempre. Solía pasar horas viéndose en el espejo, llorando desconsoladamente, murmurando lo delgada que era. ¡Qué dolor! Mientras ella pasaba l noche entera en eso, yo honestamente miraba con cara de amor aquella hamburguesa que me estaba comiendo. No lograba respirar de lo entusiasmada que estaba yo. Ella hablaba y yo solo escuchaba un ruido, muy allá en el fondo. No la ignoraba, sino que ya estaba acostumbrada a oír sus quejas. Por segundos se detuvo, dejó de hablar y quejarse; volteó, miró y me dijo: ¿Cómo es que haces para comer tanto y no engordar? Me detuve a pensar y dije: no sé, me gusta comer, lo hago y ya. Por cierto le dije: pásame la salsa de queso que me queda un pedazo de pan. Mi amiga con cara de molestia me pasó la salsa, después de un breve suspiro de desánimo.

Han pasado diez años desde entonces, ya la amiga, del amigo de mi mejor amigo; no es un flacucha. Ahora luce un cuerpo esbelto, con amplias caderas y curvas que envuelven a cualquiera. ¡Pues claro! Ya pasó el desarrollo, ya es toda una joven linda, sus dotes han aumentado y su metabolismo es totalmente distinto; lo mejor de todo es que ella es otra. ¡Se siente feliz! Hasta qué caminando por un boulevard de Caracas le dijeron: ¡Eso, que gordita tan linda! Señoras y señores, damas y caballeros; presten atención a la lectura mientras yo me como una pizza. Pues, mi amiga se ha vuelto loca al escuchar que le dijeron “gordita” y empezó a decirme: ¿Cómo que gorda? ¿En serio me veo gorda? Yo entreno demasiado como para que me digan gorda, no quiero ser la misma de antes, citó ella. Yo honestamente la miré con cara de sorprendida. Primero porque se me había caído un champiñón y segundo por la actitud que había tomado. Me di cuenta que los comentarios de los demás les afectaba más que nunca.

Ella estaba tan enfocada en ser quien no era que comenzó a pensar y hacer cosas totalmente absurdas. Ya mi amiga se ejercitaba no por estar saludable, tampoco comía lo necesario para estar bien, solo lo que ella consideraba. Dejamos de vernos por un par de meses, hasta que un día recibí un llamada de mi mejor migo diciéndome que nuestra amiga necesitaba hablar con nosotros en persona y nos había citado. Llegó el día y yo estaba ansiosa, pues; tenía más de nueve meses que no la veía y la echaba de menos. Sin embargo, cundo la vi no la reconocí por nada del mundo. Mi amiga no era ella, era otra… una mujer totalmente extraña. Su cintura aún era más pequeña de lo que recordaba, sus caderas más definidas que nunca; sus labios grandes y carnosos, cabello largo azabache. Según ella era la perfección humana. La miré y dije: ¡Wow! ¿Qué te hiciste? Estas muy hermosa y no te reconocía. Nos abrazamos, reímos un buen rato. Compartimos lo que no habíamos compartido en meses, llegó mi amigo y todo marchaba genial mientras comíamos. Ella se sentía diferente, muy segura de sí misma, tanto así qué su mirada era firme y constante. Hasta qué yo, su amiga la conocía mucho y sabia que algo andaba mal. Pedimos la cuenta y el mesero que nos atendía se acercó y comenzó a hacer chistes con nosotros, uno de los chistes fue hacia mi amiga, diciendo: ¡tú si eres linda! Lástima que no me gusten las morenas muy delgadas.

¿Qué creen que sucedió con mi amiga? Se repitió la misma historia, escuchó lo que más temía escuchar en algún momento de la vida. Si solo supieras lo que vales como persona, no sufrirías por apariencias. Dios se encargó de hacerte perfectamente, perfecto. Al nacer fuimos la mejor obra de arte, no trates de llenar el vacío interior con lo que no eres ni serás. Todos somos diferentes, el mundo es inconforme y Dios te hizo para que triunfes tal como eres. El no se equivoca

¡Anda y come lo que
más te gusta! Mi amiga decidió ser ella misma y ahora come más que yo. 

By: Sara de Abreu

Publicado en Relatos