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Normalmente cuando alcanzamos una meta o un objetivo, pronto nos acostumbramos a esta y casi que instantáneamente llegamos a olvidar nuestros éxitos personales. Por ejemplo, cuando una persona decide realizar un cambio corporal en su estética, los primeros meses comienza rápidamente a ver resultados. Incluso las personas que lo rodean comienzan a felicitarlo o a notar sus nuevos logros.

La persona inicialmente los acepta, pero con el paso de los días se presenta este fenómeno, en el cual se observa en un espejo y nota que cada día, por más que se esfuerce, le falta mucho para llegar a su nueva meta, aunque los demás se asombren de lo que ha logrado hasta el momento.

Este fenómeno en parte nos puede perjudicar, como también nos puede ayudar. Todo depende del punto de vista que tengamos. Esto no sólo ocurre en un área como el ejemplo anterior. También ocurre en todos los ámbitos de nuestra vida.

De acuerdo a mis investigaciones, observaciones y laboratorios sobre el tema, esto tiene que ver con el incremento que constantemente busca la Vida en nosotros. De lo contrario el ser humano jamás avanzaría o se quedaría simplemente donde está y nunca veríamos los avances que tenemos actualmente.

Si observas este u otros ejemplos, la gente que te rodea puede ver constantemente tus avances aunque tú no puedas hacerlo. Pero qué pasa cuando tocamos el tema de nuestras fallas o errores? Esto representa un problema en nosotros. Con esto me refiero que cuando tenemos una falla o una falencia en nosotros, por lo general no la vamos a ver porque constantemente estamos mirando hacia afuera y no hacia adentro de nosotros.

Respecto a esto, años atrás cuando conocía a algunas personas de inmediato sentía mucho rechazo hacia ellos sin aparente razón. Honestamente yo había tomado la postura general que traducido en palabras más simples puede ser “es que la energía que emana esa persona es mala. O es que esa persona te envidia” o cosas similares.

Especialmente conocí a una persona que me molestaba incluso verla comer, verla conversar, etc. Por aquella época ya me había dedicado al hobby de investigar el pensamiento humano y la conexión que este tiene con las emociones, así que decidí salirme de la opinión popular e indagar sobre este tema.

Me comencé a preguntar por qué esa persona me produce dicha emoción de rechazo? Será que le tengo envidia? pero de qué? Odio? Pero no tengo razones para ello! Celos? Tampoco tengo razones para ello. Así que me vino una idea sobre esto que me pareció bastante lógica y que tiene que ver mucho con estar mirando constantemente hacia afuera de nosotros.

Me di cuenta que esa persona era un espejo mío. Que las cosas que hacía y que me molestaban eran exactamente cosas que yo mismo hacía y que no me gustaban de mí, pero por estar mirando hacia mi exterior, no las podía ver claramente. En otras palabras por estar buscando problemas y soluciones en la vida de los demás, no solucionaba mi vida.

Tristemente esta es la situación de casi el 99% de la población mundial (para ser optimistas). Somos expertos ayudando a otros pero jamás nos ayudamos a nosotros mismos. Te confieso que darme cuenta de esto me entristeció mucho al principio, porque no sabía lo mal que estaba, pero con los días me ayudo a caminar por otro sendero emocional.

Decidí tomar acción respecto a estas emociones que me producían las personas y comencé a corregir en mi lo que me fastidiaba de otros. Incluso hasta el día de hoy sigo practicando este “deporte”, que te recomiendo tu comiences a realizar desde este mismo instante.

Así que te animo a través de esta información a que la próxima vez que veas alguien que te “cae mal” o te produce emociones de rechazo, desdén, celos, odio o cualquier emoción que te pueda robar tu paz mental lo veas como algo a mejorar y no como alguien a quien rechazar. Recuerda que debemos ser sabios y escuchar los mensajes que la Vida nos está entregando para nuestra constante evolución y progreso.

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Publicado en Ciencia