Así se han adaptado los animales salvajes al planeta que le hemos dejado los humanos

Publicado 23 septiembre, 2019 por Mike
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La ciudad es la nueva jungla

Los animales son seres increíbles, y a los que nos gusta conocer detalles sobre ellos sabemos que cada especie tiene algo que la hace especial. Las particularidades de los animales son lo que hace de ellos una joya irremplazable: Ya sea su color, su comportamiento, su inteligencia o sus capacidades físicas, siempre podemos encontrar algo que nos haga maravillarnos hasta del más diminuto de ellos.

Pero todas estas cualidades no son en absoluto aleatorias, y obedecen a las necesidades que el animal ha tenido a lo largo de miles y miles de años de evolución. Los camaleones necesitan su camuflaje para evitar a otros depredadores, así como los osos polares necesitan su pelaje y su color para resistir las condiciones climáticas de su entorno.

Fuente: Pixabay.

En los últimos años, un nuevo factor se ha sumado al entorno de la vida salvaje. Ya no se trata del frío, o de las presas: Se trata del ser humano. A medida que las ciudades engullen los habitats naturales y nuestra forma de vida toma más y más posesión de su entorno, los animales encuentran serias dificultades para continuar viviendo como lo hacían. Lo que nosotros no sabemos es que igual que se adaptaron a su entorno hace años, los animales también son capaces de adaptarse a nosotros.

Aquí te mostraremos como los animales pueden cambiar para sacar el máximo provecho de este nuevo mundo que nosotros hemos creado.

Nuevo hábitat, nuevas adaptaciones al entorno

Las ciudades son para nosotros un lugar donde vivir, una forma de hacer del mundo un lugar más habitable para nuestra especie. Si lo pensamos bien, una ciudad es solo el resurgir de un nuevo ecosistema, un entorno que, si bien no es natural, alberga vida de la misma manera en la que lo haría cualquier jungla o bosque. Es cierto que las ciudades son restrictivas, y limitan la supervivencia a los animales que no pueden adaptarse bien a ellas.

Pero existen algunos que han hecho de las urbes su casa tanto como nosotros, y aquí puedes ver algunos de los ejemplos más impactantes.

El lagarto anolis crestado, manos más grandes para agarrarse a las ventanas

Estos lagartos están acostumbrados a las junglas y los entornos con gran densidad de vegetación. Como muchos de sus primos, son lagartos arbóreos y se sirven de las alturas para mantenerse seguros de los depredadores más grandes.

Fuente: Wikimedia commons.

Por desgracia nuestros altos edificios de hormigón y cristal no ofrecen ramas, o madera rugosa por la que estos pequeños y simpáticos animales puedan trepar. O al menos, esto era así al principio. Los científicos han observado a multitud de lagartos anolis viviendo en entornos urbanos, y no saben muy bien cómo se mantienen seguros estos animales.

Pero al inspeccionarlos más de cerca, han descubierto que los lagartos de ciudad tienen mayor superficie dactilar. Es decir, los dedos de sus patas son algo más amplios, y muchísimo mejores para adherirse a superficies como el cristal o el metal pulido.

Así, estos lagartos conservan su capacidad trepadora, y trasladan su estilo de vida creado en las verdes junglas a nuevas casas de metal y cristal, antaño imposibles de escalar.

Los coyotes, lobos de las calles

Los cánidos siempre han sido una de las especies más versátiles que han pisado la tierra. Desde los lobos hasta los perros adorables, estos animales sobreviven, aparentemente sin esfuerzo a las condiciones más duras. Ya sabemos que los perros se han adaptado a su vida en la ciudad uniéndose a nosotros como fieles compañeros, pero ¿que hay de los demás?

Fuente: Pixabay.

El mejor ejemplo que podemos encontrar son los coyotes. Estos animales son nativos de multitud de hábitats a lo largo del mundo, pero podemos verlos especialmente en algunas zonas urbanas de América y Australia.

Su secreto es su capacidad para comer prácticamente cualquier cosa, permitiéndoles alimentarse de cualquier comida que los humanos desperdicien.

Su ingenio también es clave, y les permite escapar de multitud de situaciones peligrosas en sus vagabundeos por el mundo humano.

El cárabo común, y los colores del cambio climático

No solo los entornos urbanos están forzando a los animales a adaptarse. Nuestro impacto en la naturaleza va más allá de nuestros edificios o nuestras aceras. El mismísimo clima está viéndose afectado por nuestra presencia, y esto es algo que los animales saben muy bien.

También a ello han conseguido adaptarse algunas especies, y el cárabo común forma parte de este selecto grupo. El cárabo común es un tipo de lechuza que suele tener un color grisáceo, a veces amarronado.

Pero las altas temperaturas han provocado cambios en la pigmentación de las plumas de este ave tan simpática, y los científicos han descubierto que mientras el número de cárabos grises disminuye, el recuento de cárabos con plumas marrones o rojizas ha aumentado en los últimos años de manera significativa.

La creatividad como arma: los cuervos

El cárabo no es la única especie alada que se ha adaptado a la gran ciudad. Muchos de nosotros estamos ya familiarizados con las palomas y los gorriones, que se alimentan de la caridad o de los restos de comida que la gran ciudad produce para ellos.

Pero si existe un ganador a la hora de aprovechar los recursos que la civilización ofrece, los cuervos son siempre los reyes, y es fácil ver por qué:

En el video vemos como la capacidad de los cuervos para crear soluciones les lleva a hacer uso de nuevas estrategias, como emplear el tráfico urbano para partir nueces que no podrían comerse en su entorno natural al carecer de extremidades adecuadas para abrirlas.

Los ratones de Nueva York, entusiastas de la comida rápida

Los ratones son una de las especies que la mayoría de nosotros podemos categorizar como verdaderos supervivientes. Estos pequeños roedores pueden aguantar cualquier entorno, y la ciudad no iba a ser menos.

Puede que no te sorprenda saber lo mucho que estos ratones se han acostumbrado a la comida rápida: los perritos, las pizzas y cualquier otra comida que pueda ser servida en un carrito callejero son el alimento perfecto para estos ratones tan poco exigentes.

Pero lo que quizás no sepas es que su gusto por la comida rápida no solo ha cambiado su paladar. Somos lo que comemos, y la alimentación tiene un impacto brutal en el metabolismo y el físico de cada uno de nosotros.

En el caso de estos ratoncitos, su alimentación ha llegado a afectar a su ADN, y observando el genoma de varios ratones residentes en Nueva York se ha descubierto que su código genético ha cambiado para adaptarse a esta nueva dieta.

Los mapaches y cómo han transformado sus manos en extremidades casi humanas

Los humanos somos los verdaderos habitantes de la ciudad, y por ello muchos de los elementos existentes en nuestro entorno están pensados para ser usados por miembros de nuestra especie. Esto quiere decir: individuos con extremidades capaces de manipular objetos pequeños, complicados de usar o simplemente difíciles de agarrar para una zarpa, o una pata.










Fuente: Pixabay.

Es una barrera enorme, pero no detiene a todos los animales. Los mapaches han demostrado numerosas veces lo que pueden hacer con sus diminutas manos, pero recientemente se han realizado estudios para entender hasta dónde llega esta destreza manual.

Los resultados nos enseñan que el 80% de los mapaches que habitan en la ciudad son capaces de manipular cubos de basura, puertas e incluso buzones y otras estructuras difíciles de abrir, algo de lo que los mapaches que residen en un entorno rural son incapaces.

El mirlo y su nueva canción

El mirlo común es una de las aves que podemos ver con más facilidad en un gran número de países. En los últimos años han comenzado a anidar en zonas urbanas, y para ellos la comida o el refugio no han sido el principal problema.

Fuente: Pixabay.

Para una especie que se comunica a través del canto, el sonido del cláxon y el trajín de la gran ciudad representan un serio problema para su estructura social.

Un estudio reciente ha descubierto que en los últimos años, el canto de los mirlos se ha vuelto más grave para adaptarse a la contaminación acústica que existe en las ciudades, evitando así competir con sonidos más estridentes y agudos que puedan dificultar su comunicación.

Las ardillas y el lenguaje de signos

Las ardillas grises no son un animal infrecuente en las ciudades. Pueblan los parques y las zonas verdes de cualquier ciudad, y se alimentan de frutos secos y la caridad de la gente que siempre encuentra simpáticos a estos pequeños roedores.

Fuente: Pixabay.

Las ardillas, como los mirlos, necesitan comunicarse entre sí, y el mismo problema que oprime a estos simpáticos pájaros ha afectado a las ardillas de una manera similar.

Sin embargo, su solución es totalmente distinta: en vez de adaptar sus sonidos para poder continuar comunicándose entre sí, las ardillas han abandonado el lenguaje auditivo y en su lugar han pasado a comunicarse de manera visual.

Las ardillas que residen en entornos urbanos se sirven del lenguaje corporal para comunicarse entre ellas, salvando así la brecha que crea la contaminación acústica en su lenguaje.

El hollín y las polillas: un nuevo camuflaje

Las polillas suelen pasar desapercibidas en nuestro entorno urbano, y salvo apariciones puntuales en algún armario o rincón polvoriento, no solemos toparnos con muchas de ellas. Esto se debe a que ellas prefieren ocultarse, y dedican un esfuerzo considerable a permanecer en el anonimato y evitar depredadores (o humanos molestos por su presencia).

Fuente: Pixabay

Pero los colores pardos o moteados que solía exhibir la especie Biston betularia son más adecuados para un bosque en pleno otoño que para una fachada enegrecida por el humo de la ciudad. En el caso de las polillas, su evolución ha apuntado a confundirse con el color más oscuro de las paredes de la ciudad. 

¿Puede la naturaleza coexistir con nosotros?

Está claro que las modificaciones que hemos realizado a nuestro entorno ya no son acciones menores en ninguna medida, y la forma en la que muchos animales se ven afectadas por ellas solo es una manera de enseñarnos hasta que punto hemos tenido un impacto en el medio ambiente y la vida salvaje.

Puede que los animales sean capaces de evolucionar para adaptarse a nosotros, pero muchas de las especies ahora existentes no tienen tanta suerte y están comenzando a desaparecer ante su incapacidad para seguir el ritmo a nuestro desarrollo industrial.

Fuente: Pixabay.

Si estos animales han tenido que cambiar tan drásticamente para adaptarse a nosotros, deberíamos plantearnos que sucederá con todos aquellos que no sean capaces de una flexibilidad tan increíble como la de estos animales que hoy os hemos presentado, aunque lo más probable es que terminen extintos.

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