Un grupo de cachalotes adoptan a un delfín con una deformidad

Publicado 9 enero, 2020 por Javier Escribano
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Los cachalotes y los delfines no podrían ser más diferentes. Los cachalotes son tímidos y esquivos, y se sumergen más que ningún otro mamífero marino a la caza de espeluznantes calamares gigantes. Los delfines, por el contrario, nadan más cerca de la superficie y les gusta acercarse a grupos de otros mamíferos, además de barcos y nadadores. Algunos incluso han sido vistos persiguiendo y molestando a los cachalotes y a sus crías. ¿A qué se debe, entonces, esta extraña adopción?

En 2011, un grupo de científicos marinos de una institución de Berlín descubrió en el Atlántico Norte, cerca de las Azores, una vaina (grupo) de cachalotes (physeter macrocephalus) que parecía haber aceptado a un solitario delfín mular (tursiops truncatus). El delfín fue visto hasta en seis ocasiones en ocho días nadando alrededor de la familia, como uno más. Para sorpresa de los científicos, los cachalotes no solo lo toleraban, sino que respondían y acariciaban al delfín.

La explicación más lógica era que el delfín, que tenía una malformación en la espina dorsal que daba a su espalda una extraña forma de «S», no pudo mantener el ritmo de los suyos. También se especula que debido a su condición fuera expulsado socialmente de su grupo, ya que más allá de la deformidad, estaba sano y podía nadar sin problemas. «A veces se meten con algunos individuos. Puede ser que este individuo no congeniara, por decirlo de alguna forma, con su grupo original», dice Alexander Wilson, uno de los científicos que descubrió el hallazgo.

Las asociaciones amistosas entre especies diferentes no son raras, pero este caso es diferente por dos motivos. El primero es que es la primera vez que se descubre a los cachalotes (un animal ya de por sí muy desconocido) interactuando con una especie no antagónica. Y el segundo es que estas relaciones tienen un carácter simbiótico, en el que ambas especies consiguen algún beneficio… algo que no ocurre para el cachalote.

Sin embargo, el biólogo Luke Rendell, de la Universidad St. Andrews del Reino Unido, advierte que no necesariamente debemos interpretar este caso como un gesto altruista por parte de los cachalotes. «Puede que simplemente disfruten con la atención del delfín. O que piensen, ‘vaya cría más rara’.»

 

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