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Comió un montón de picante y al peerse dio lugar a una divertida pero vergonzosa historia

El chile con carne es una de las comidas importadas de México más exitosas en los EE.UU. El hecho de que estos pequeños pimientos sean uno de los alimentos más picantes que existen sobre la faz de la tierra, los convierte en todo un reto para algunas personas.

Este alimento tiene muchas ventajas. De hecho se piensa que la molécula que causa el sabor picante en los chiles habaneros (capsaicina) puede ser anticancerigena. Pero en su contra debemos recordar que “todo lo que entra, tiene que salir”. 

Por desgracia, cuando el chile “sale” de nuestro cuerpo, ha sufrido un proceso que cambia considerablemente su aspecto y olor. Eso si, lo que no acaba de cambiar es su capacidad de provocar picor.

La historia que os vamos a relatar a continuación le sucedió a un hombre en algún estado de EE.UU. El nombre del protagonista no ha trascendido, pero eso no le quita un ápice de diversión a su historia.

Este hombre comió un chile muy picante. Pero jamás se imaginó lo que sucedería cuando soltó los “gases”

Fui de compras recientemente. No me esperaba lo que iba a suceder entonces. La noche anterior estuve preparando y comiendo  un montón de mi casero y patentado “Chile te vas a cagar vivo”. Es muy sabroso, aunque es tan picante y doloroso que, a todo el que lo prueba, puedo garantizarle que sus cachetes del culo arderán al día siguiente.
Todo empezó así. Me había despertado por la mañana y había tomado 2 tazas de café (todos sabéis lo bien que regula esto el intestino) pero no sucedió nada. No hubo un “movimiento de tierras”. A pesar de que los chiles habaneros se encontraban nadando a través de mi intestino, parece que mis tripas no conseguían crear la habitual sinfonía matutina conocida por mis vecinos como “truenos y relámpagos”.
Bien, pues allí estaba yo en un pequeño supermercado Wallmart cuando las ganas de ir al baño me asaltaron. Me dirigí al W.C y allí comencé la operación. Una persona que estaba a mi lado mostró su desagrado por el horrible olor que acababa de dejar con algunas palabras poco agradables.
Salí del baño y me dirigí a mi carrito de compra. En ese momento un empleado se me acercó y me dijo “Señor, puede que desee salir fuera unos minutos. Algún bromista ha tirado una bomba fétida y el gerente va a activar los ventiladores durante unos minutos para airear el local”.
Justo en ese momento se me escapó un pedo. El muchacho salto hacia atrás y tapándose la nariz con su camisa me señaló y me dijo “¡Has sido tú!”. Se fue corriendo y vino instantes después con el gerente.
Ambos me escoltaron hasta la puerta del comercio y me despidieron sin honores, instándome a no volver por el local en mucho tiempo.
En casa de nuevo y sin haber podido comprar nada, me di cuenta de que no tenía nada de comida, excepto el chile de la noche anterior, así que me comí dos cuencos. Al día siguiente fui a comprar al supermercado Albertson. No puedo decir nada más sobre eso por que me encuentro denunciado por el asunto. Los dueños del supermercado dicen que van a tener que repintar la tienda.

Una cosa está clara, no me gustaría tener a este señor como vecino.

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