¿Podría el Covid-19 hacer que perdieras el olfato o la memoria? Esto dicen los expertos

Publicado 12 agosto, 2020 por Elena
COVID
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Una vez pasada y superada la enfermedad, lo que más preocupa a los pacientes son las posibles secuelas del SARS-CoV-2. Uno de los síntomas más nombrados como especialmente característico del Covid-19 es la pérdida de gusto y olfato. Pero, ¿se trata de algo pasajero mientras se pasa el virus o podría tratarse de una afectación a largo plazo? ¿Qué otros efectos a nivel cerebral puede causarnos este virus para el que aún no tenemos vacuna?

Estas son algunas de las consecuencias que se conocen del Covid-19

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Ahora que los científicos llevan más de medio año estudiando el Covid-19 se sabe que son muchos los pacientes que presentan síntomas neurológicos, desde la pérdida de olfato hasta un posible delirium o aumento del riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular. También podrían darse consecuencias más duraderas, como el síndrome de fatiga crónica (encefalomielitis miálgica) o el síndrome de Guillain-Barré, un trastorno poco común que hace que el sistema inmune ataque al sistema nervioso periférico (conjunto de nervios conectados al cerebro y la médula espinal).

Todos estos síntomas y trastornos tienen su origen en una infección viral directa o indirecta del tejido cerebral. Por lo tanto, ¿es posible que de aquí a un tiempo aumenten los casos de deterioro cognitivo o demencia debido al Covid-19?

¿Por qué se dan cambios a nivel cerebral cuando hay una infección en el organismo?

coronavirus

En realidad, algunos de los síntomas que asociamos a las infecciones no son consecuencia directa de éstas, sino de la respuesta que genera nuestro sistema inmunitario. Por ejemplo, la fiebre no la causa el virus o la bacteria en sí, sino tus células inmunológicas tratando de eliminar la infección. Aunque estos síntomas resultan molestos, son completamente adaptativos y beneficiosos para nosotros.

Cuando las células inmunológicas se encuentran en el cerebro reciben el nombre neuroinmunes y recientemente se ha descubierto que resultan esenciales para la formación normal de nuestra memoria. Por desgracia, esto hace que virus como el SARS-CoV-2 provoquen cambios en estas células, lo que puede generar síntomas agudos y también duraderos en el cerebro.

Durante la enfermedad, las células neuroinmunes envían constantes señales de inflamación a otras neuronas, modificando la conexión entre ellas (sinapsis) y su función. Por ejemplo, la microglía, encargada de dar soporte a las neuronas, tiene que cambiar de forma para destruir los elementos potencialmente dañinos y al hacer esto también rompe conexiones importantes para la memoria.

Debido a que el Covid-19 envía constantes señales inflamatorias, se producen importantes pérdidas de sinapsis, lo que causa efectos a corto plazo, como el delirium, y a largo plazo, aún está por ver, pero es probable que cause deterioro cognitivo, a nivel de memoria y atención.

Si las células cambian su actividad mientras luchan contra la enfermedad, ¿por qué los cambios se hacen duraderos?

sinapsis

Tanto nuestro cerebro como nuestro sistema inmune han evolucionado para cambiar ante la experiencia, para así maximizar las posibilidades de sobrevivir. Esto nos permite generar recuerdos y aprendizaje y también tener anticuerpos para virus contra los que se luchó previamente y así protegernos de patógenos conocidos.

Sin embargo, a veces estos cambios consisten en daños permanentes en las conexiones neuronales o en las propias neuronas, lo que puede derivar en deterioro cognitivo y demencias conforme avanza la edad. La posible relación entre el Covid-19 y la pérdida de memoria se observa en las recuperaciones de otras enfermedades. Por ejemplo, en pacientes que han sobrevivido a un ataque cardíaco o que se han sometido a una cirugíade bypass, los déficits cognitivos se exageran durante el envejecimiento.

Todavía pasarán años hasta poder confirmar o descartar con seguridad si el Covid-19 aumenta la gravedad de los déficits cognitivos en la vejez

demencia

Hasta que no envejezcan las generaciones que ahora están sufriendo la pandemia, no podremos saber con seguridad los efectos a largo plazo del SARS-CoV-2 en el cerebro. De momento, lo mejor que podemos hacer es, por supuesto, evitar contagiarnos, y también intentar disminuir la gravedad y duración de los síntomas. Es interesante una reciente investigación que apunta que las vacunas comunes contra la gripe y la neumonía pueden reducir el riesgo de Alzheimer.

Varios tratamientos emergentes para el Covid-19 siguen esta línea de intentar reducir la respuesta inflamatoria excesiva del sistema inmune para así evitar mayores daños a nivel neuronal.

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