Un día te levantas

y dejas de percibir los colores.

El sol ya no tiene ese característico amarillo

y las nubes son mediocres y apagadas.

Te miras al espejo

y ni siquiera consigues

percibir el verde de tus ojos,

ese verde que le robaste a la primavera.

Las estaciones ya no te emocionan,

así como tampoco

escribir canciones o poemas.

Las letras pierden su sentido,

los sentimientos se tornan mezquinos.

Guardas todo el material en una caja,

cierras con llave

y la arrojas por la ventana.

Deshaciéndote de todo aquello

que un día te hizo feliz,

de todo aquello

que tantas veces

te hizo regresar al mismo lugar.

Una y otra vez…

Una y otra vez…

Una y otra vez…

Hasta que ese ”una y otra vez”

se convierte en ”la última vez”.

Y esa última vez,

aunque no quieras…

Vuelves.

Pero vuelves para despedirte.

Del verano y la lluvia,

de las risas, tu perro y la familia.

De los recuerdos,

los amigos,

las memorias

y

experiencias vividas.

Huyes…

Huyes…

Huyes…

Súbitamente, estás sola,

Sola en el bosque.

En la oscuridad y frialdad de la noche

sin nadie que disipe tus miedos,

nadie que calme tus llantos

y te susurre que todo está bien

en el oído.

¡Porque nada está bien!

Y tú lo sabes…

Deja de engañarte diciéndote a ti misma

que saldrás de esta

cuando en realidad…

¡Lo que deseas es quedarte!

Permaneciendo así,

en el silencio y sosiego de la noche,

en la frondosidad y vastedad del bosque.

De repente…

un escalofrío empieza a recorrer tu frente

Y sabes lo que es…

Es el miedo.

El pavor y espanto ante la imagen de verte sola,

la única ante el abismático vacío

de una vida sin sentido.

Sin propósito.

Interés.

Motivación.

Piensas en esta imagen y te horrorizas,

no quieres algo así para ti.

Pero sabes que si vas a pasar

la noche en el bosque,

es una decisión

que te costará la vida.

Esa esperanza de salir adelante

que aún te queda

y

que parece seguir brillando

con fulgor en tus pupilas.

Así que te levantas

para emprender el camino de vuelta.

De vuelta a la vida.

De vuelta a casa.

A la realidad.

Que por muy cruda que sea

es la que te toca vivir y asimilar.

Con una actitud desafiante ante la misma.

Con viveza y sagacidad.

Con coraje y valentía.

Con ímpetu.

Denuedo

e intrepidez.

Ahora que te has sacudido

y estás dispuesta a retornar…

Flaqueas.

Tus piernas están débiles y flojas,

no parecen estar dispuestas

a ayudarte en esta travesía.

Te arrastras…

Te arrastras…

Te arrastras…

Parece que has avanzado,

pero sigues sin percatarte

que …

todo este tiempo

un oso ha estado siguiendo tus huellas.

Esas que han dejado todo tu cuerpo

desnutrido y falto de energías

mientras…

Te arrastras…

te arrastras…

Te arrastras…

Fatigada.

Estás fatigada.

Pero consigues darte la vuelta.

Ahora todo tu cuerpo

abarrotado de cicatrices

está tumbado boca arriba

sobre la superficie del follaje.

De modo que si antes

solo estabas tú…

Ahora estás tú

frente a un oso.

Un oso feroz

y de considerables dimensiones

que parece que no ha comido en días.

Y está consumido por el hambre.

Cuando consigues mirarlo a los ojos…

Se prepara…

Se prepara…

Se prepara…

y

te arrastras…

te arrastras…

te arrastras…

Pero tus esfuerzos son inútiles,

incluso,

tu depredador muestra

una mueca burlesca.

Y a posteriori…

se prepara para abalanzarse sobre ti.

Para sofocarte,

dominarte,

dejarte sin ánima

y

despedazarte.

¡Así de confusa es la depresión!

Unas mañanas te levantas de la cama

y

te sientes como el humano que

aunque sin ganas y debilitado

corre por su vida.

Y otras veces…

Otras veces,

……

……

……

¡ERES EL OSO!

Imagen : Fuente ->  https://www.taringa.net/posts/imagenes/17790136/Bosques-lobos-libros-y-otras-cosas.html 

Artículo escrito y publicado  por Ancateu Beatrice Teodora

Publicado en Cultura y ocio
Fuentes consultadas:
https://www.taringa.net/posts/imagenes/17790136/Bosques-lobos-libros-y-otras-cosas.html