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¿De dónde viene realmente la intolerancia a la lactosa? Desmontando falsos mitos

La intolerancia a la lactosa no es, contrariamente al pensamiento popular, una alergia ni enfermedad. El malestar que invade a algunas personas cuando consumen lácteos responde a algo más antiguo de lo que imaginamos. En este artículo te explicamos a qué se debe esta hinchazón y malestar que muchas personas sienten después de tomar leche.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

Si la intolerancia a la lactosa no es una alergia ni una enfermedad. Entonces, ¿Qué es? 

Para poder explicarlo, vamos a tener que hablar un poco de historia y biología. Y es que todos los mamíferos nacemos con lactasa, una encima que se encarga que digerir la lactosa. Hasta aquí todo bien. El dato curioso es que dejamos de tenerla tras los 2 o 4 años de vida.

Resulta que, de manera natural, los seres humanos no deberíamos ser capaces de digerir la lactosa una vez pasados los 4 años de vida. Es decir, que lo normal en las personas es ser intolerantes a la lactosa. Entonces, te preguntarás, ¿por qué la mayoría de gente sí que puede beber leche sin problemas?

La respuesta se haya en que, en el momento que durante el Neolítico los seres humanos empezaron a domesticar animales, también empezaron a tomar leche de ellos. Al principio esta leche, como era natural, no era posible digerirla. Sin embargo, poco a poco se fueron mostrando casos de mutación en los que las personas no tenían efectos secundarios al tomar leche. De golpe pudimos digerir la leche de otros animales.

intolerancia a la lactosa

Este fenómeno se desarrolló sobretodo en el norte de Europa, donde actualmente de un 80 a un 95% de la población es capaz de digerir productos lácteos. 

Una vez explicado el contexto, por fin podemos definir lo que es realmente la intolerancia a la lactosa. Y es que ésta sería la norma en el ser humano y el fenómeno es justamente lo contrario. De modo que las personas intolerantes a la lactosa guardan una relación muy estrecha con el origen del ser humano, mientras que el resto de la población ha desarrollado una mutación para poder digerirla.

La leche lo largo de la historia

La leche, aunque no es ninguna medicina, ha salvado vidas de algún modo. En momentos en los que reinaba algún tipo de epidemia entre la población, la leche sirvió para aumentar las defensas de las personas que la tomaban. 

Es decir, que  el momento en el que la población pasó a vivir en ciudades y las enfermedades empezaron a expandirse, también surgió la mutación de la tolerancia a la lactosa. Se ha comprobado que las primeras generaciones que pudieron tomar leche mostraban más signos de salud que los anteriores sedentarios. 

Sin embargo, aunque la evidencia es clara, se hace muy difícil llegar a una conclusión que la  sustente. Una de las teorías existentes apunta que la leche podría haber aportado vitamina D y otros minerales que se redujeron en el momento que el ser humano empezó a vivir de la agricultura. 

Otra teoría apunta que la leche aumentó la fertilidad de las mujeres, al mismo tiempo que significaba una fuente de agua fresca. En la antigüedad no era siempre fácil encontrar un pozo o río de agua limpia, con lo que la leche habría suplido esta falta.

¿Cómo se originó esta mutación genética?

Cuando nuestros antepasados se mudaron a las zonas más frías del planeta, se dieron cuenta de que no podían cultivar durante todo el año. Eso obligó a que las personas tuvieran que vivir de lo que les daban los animales que habían domesticado. Es decir, que tendrían que alimentarse de carne, leche y huevos.

Como para obtener carne se tiene que matar al animal de la que se extrae y tener un animal era algo difícil y costoso, los mejores productos para la alimentación eran los huevos y la leche. Pero claro, en aquel momento todo el mundo era intolerante a la lactosa. 

Así que esta mutación empezó a generarse para que estos seres humanos pudieran sobrevivir. Es decir, que aquellos quiénes desarrollaron la mutación resultaron más fuertes que los otros al tener recursos para alimentarse en un territorio en el que el cultivo no era posible. 

En cambio, en lugares en los que el clima no era tan agresivo, como por ejemplo el sur de Europa, las personas con intolerancia a la lactosa pudieron sobrevivir. Prueba de ello es que en estos países, la resistencia a la lactosa oscila entre un 40 y un 60% actualmente. Además, en las poblaciones asiáticas y africanas la mutación de resistencia a la lactosa es prácticamente inexistente, estando en un 1% de media.

¿A quién afecta esta intolerancia?

Al tratarse de una mutación genética, ésta se transmite entre generaciones. De este modo, las personas que han desarrollado una mutación que les permite digerir la lactosa tienen la capacidad de transmitirla a sus hijos e hijas. 

Es decir, que esta intolerancia es lo normal en el ser humano y aquellas personas que sí que pueden digerir este componente son descendientes de los primeros que mutaron. Además, esta mutación desembocó en selección natural en algunas regiones.

síntomas intolerancia a la lactosa

De este modo, en las regiones más frías del planeta Tierra, las personas que desarrollaron dicha mutación fueron capaces de sobrevivir a las condiciones meteorológicas más duras. En cambio, aquellas que todavía eran intolerantes a la lactosa no pudieron sobrevivir. Esto significó que solamente las personas que llevaban la mutación pudieron reproducirse y traspasar esta capacidad de digestión a sus hijos e hijas.

Pero como en los países más cálidos esta mutación no era un motivo para la supervivencia, todas las personas pudieron sobrevivir y reproducirse por igual.

Es por este motivo que hay un nivel de intolerancia a la lactosa mucho más elevado en los países cálidos que en los fríos.

Conclusión: no eres ni mejor ni peor por tolerar la lactasa. Si puedes digerirla con normalidad, disfruta de las ventajas de la leche. Si no es el caso, ¡que no cunda el pánico! Puedes obtener las cualidades de la leche en otros alimentos igualmente válidos como la verdura, las legumbres, etc

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